Ya se que esto no es un post, pero tenía la necesidad de guardar estas célebres líneas en mi Blog. Esperon sepan comprender los pobres desafortunados y disfrutar aquellos que supieron elegir una vida mucho mas alegre y gloriosa.
Encima se viene un fresquito... Debe ser horrible andar con el pecho tannn frío... pero en fin, tranquilos, ya vendrán tiempos peores!
Flan casero
River termina esta noche una serie internacional lamentable: 24 torneos sumando frustraciones desde la Supercopa 97, su última alegría. ¿Tiene salida este túnel...?
Esta noche, cuando River cumpla con el trámite de enfrentar a San Martín de Porres, cerrará un capítulo internacional olvidable que avergüenza a sus hinchas pero, sobre todo, certifica la decadencia de sus planteles.
Se lamentará, también, una de las eliminaciones que encaja en el rubro de los papelones como la de hace dos años frente al Caracas. Pero desde que el River de Ramón levantó la Supercopa 97, quinto título internacional en la historia del club, toda disputa que implicó cruzar las fronteras terminó mal. Libertadores, Mercosur, Recopa, Sudamericana: estuvo presente en todas las ediciones y siempre dijo adiós antes de la entrega del trofeo. Y para colmo, la única vez que estuvo cerca en estos 12 años no pudo superar ni al modestísimo Cienciano de Perú...
Muchas de las eliminaciones acumuladas en los últimos tiempos están resaltadas en el sector negro de los 108 años de vida que cumplirá River en los próximos días. Dos veces fue Boca el que se dio el gusto de dejarlo afuera y, sin dudas, los penales de la Copa 04 en un Monumental sin hinchas visitantes es uno de los recuerdos más dolorosos para la gente. A la pesadilla, el martirio: el 2-2 del año pasado frente a San Lorenzo provocó que se reflotara el apodo más doloroso, al punto que los propios hinchas les tiraron maíz a los jugadores. Y si faltaron equipos sólidos, futbolistas de jerarquía o técnicos a la altura de las circunstancias, sobraron los finales escandalosos, con varios goles en contra y expulsados a favor, como el 1-4 frente a América de Cali por la Libertadores 03 o el 0-4 en Porto Alegre contra Gremio.
Si la Libertadores es esquiva, la Sudamericana directamente no se hizo para River. En sus primeras cinco participaciones, no superó el primer cruce cuatro veces y la quinta fue la humillante caída contra Cienciano. En las últimas dos llegó un poco más lejos y ahí se encargó de superar su capacidad de fracasos, que se potenciaron a límites insólitos en los últimos dos años. En el 2007, en la semifinal, no le pudo hacer ni un gol a Arsenal y se quedó afuera por penales. Y en la última edición, frente a Chivas, en cuatro minutos pasó del 2-0 que lo clasificaba a la semi al 2-2 que lo dejó afuera.
Así, con planteles destacados y otros como el actual, con figuras o jugadores que aún nadie puede explicar cómo vistieron la camiseta, el club con más puntos en la tabla general de la Libertadores fue coleccionando fracasos, desilusiones, historia negra. Un túnel sin luz al final.
Hoy, con un equipo alternativo, ante el público que se le anime al dolor de ya no ser, buscará tres puntos para seguir cómodo en lo alto de esa tabla. Los mismos tres puntos que necesita para no terminar último otra vez.
Diario Olé
Un rincón de palabras sueltas, de insensateces cotidianas y reflexiones perecederas expresadas con la imaginación limitada de un adulto y la sabiduría inagotable de un niño.
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jueves, 30 de abril de 2009
lunes, 27 de abril de 2009
Proclama Zapatista
"Venimos a preguntarle a la patria, a nuestra patria, ¿Por qué nos dejó ahí tantos y tantos años? ¿Por qué nos dejó ahí con tantas muertes? Y queremos preguntarle otra vez, a través de ustedes, ¿Por qué es necesario matar y morir para que ustedes, y a través de ustedes, todo el mundo, escuchen a Ramona -que está aquí- decir cosas tan terribles como que las mujeres indígenas quieren vivir, quieren estudiar, quieren hospitales, quieren medicinas, quieren escuelas, quieren alimentos, quieren respeto, quieren justicia, quieren dignidad?"
Informe sobre el Diálogo para la Paz
23 de febrero de 1994
Informe sobre el Diálogo para la Paz
23 de febrero de 1994
lunes, 30 de marzo de 2009
Esos descubrimientos que te cambian la vida
Después de unos días de despeje personal (necesario y merecido), he vuelto a la city platense y su calorcito húmedo tan odiado como añorado.
Pero como la fiaca impide pensar demasiado por estas horas, lo mejor es empezar por reirnos un ratito. Siempre creí que después de algunas sonrisas, las cosas suelen ser bastante mas sencillas.
Diego Peretti y Luis Luque en una reveladora escena de "Tiempo de Valientes", en la que descubren el famoso plagio del "Payaso Plin Plin" y el "Feliz Cumpleaños"...
Nobleza obliga, debo admitir que hasta que vi la peli, no había reparado en este detalle musical. Espero no generar demasiada desilusión en algún ignorante de esta triste copia.
Pero como la fiaca impide pensar demasiado por estas horas, lo mejor es empezar por reirnos un ratito. Siempre creí que después de algunas sonrisas, las cosas suelen ser bastante mas sencillas.
Diego Peretti y Luis Luque en una reveladora escena de "Tiempo de Valientes", en la que descubren el famoso plagio del "Payaso Plin Plin" y el "Feliz Cumpleaños"...
Nobleza obliga, debo admitir que hasta que vi la peli, no había reparado en este detalle musical. Espero no generar demasiada desilusión en algún ignorante de esta triste copia.
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martes, 24 de marzo de 2009
No me vengan con Proceso, fue una Dictadura de mierda...
Entre muchas cosas, esta es una de las que mas me llama la atención sobre lo que el Golpe de 1976 nos dejó, y habla del poder que ejercieron sobre la sociedad y que de alguna manera todavía ejercen hoy. Hay miles de cosas escritas y que pueden decirse sobre el 24 de marzo, pero quiero empezar por ésta.
¿Cómo puede haber gente que todavía le llame "la época del Proceso"?. Nada de Proceso!
Me cuesta creer que siga pasando hoy, cuando bien sabemos que no se trató de ningún Proceso de Reorganización Nacional, sino de una salvaje y genocida Dictadura Militar llevada adelante a través de un plan sistemático y organizado por quienes tenían el deber de protegernos.
El 24 de marzo de 1976, los comandantes de las tres armas derrocan al gobierno constitucional de Isabel Martínez de Perón. Videla, Massera y Agosti inician así una época trágica, sin precedentes en la historia argentina. 30.000 desaparecidos, miles de encarcelados, asesinados, exiliados; la impagable deuda externa, la destrucción de la industria nacional, de la educación pública, de los hospitales, y la instalación de un terrorismo de Estado como pocas veces se vio en el mundo, son sólo algunos de los hitos del llamado "Proceso de Reorganización Nacional"

Jorge Lanata, en un fragmento de un texto publicado en su diario, cuenta como vivió ese tiempo, "El resto de la historia es conocida. Me preguntaba, en aquellos años, con qué cara iban a mirarme aquellos editores que llevaban todas las tardes, con puntualidad, las tapas de sus diarios a la Presidencia para conseguir la aprobación. ¿Qué iban a hacer los grandes grupos que durante la dictadura habían crecido como nunca? ¿Y los canales? ¿Iban a hablar alguna vez todos los que habían callado? Ahora todos utilizan, sin ambages, la palabra “represor”.
Suena graciosa dicha sin ambages por las chicas de los noticieros. Se les nota. A fuerza de mencionarla tanto ya casi la vaciaron de contenido. Para Shakespeare ”la vida es una historia contada por un idiota, una historia llena de estruendo y furia, que nada significa”. En la Argentina la historia está contada por un bromista: nadie fue más cobarde frente al Partido Militar que Alfonsín, que juzgó a las Juntas, y nadie hizo más por la ética de la justicia y los derechos humanos que Néstor Kirchner, que en otros casos olvidó la ética. A Dios debe divertirle que vivamos entre paradojas. La grieta sigue abierta y esta nueva versión oficial de la historia no alcanzará para cerrarla. Alguna vez deberemos preguntarnos qué tuvimos que ver con la dictadura que prohijamos; nadie mata treinta mil personas sin el consentimiento tácito o explícito del resto de la población. Deberíamos saber por qué creamos monstruos: no alcanza con golpearnos el pecho y echarles la culpa de todo. Nadie va a devolvernos esos años; lo mejor que podemos hacer con ellos es echarles un poco de luz para ver qué hay detrás."

Nos paremos donde nos paremos ideológicamente, siento que lo importante es considerar aquel 24 de marzo como una fecha distinta, como algo que no debería repetirse. No es un feriado mas, no debería serlo...

¿Cómo puede haber gente que todavía le llame "la época del Proceso"?. Nada de Proceso!
Me cuesta creer que siga pasando hoy, cuando bien sabemos que no se trató de ningún Proceso de Reorganización Nacional, sino de una salvaje y genocida Dictadura Militar llevada adelante a través de un plan sistemático y organizado por quienes tenían el deber de protegernos.
El 24 de marzo de 1976, los comandantes de las tres armas derrocan al gobierno constitucional de Isabel Martínez de Perón. Videla, Massera y Agosti inician así una época trágica, sin precedentes en la historia argentina. 30.000 desaparecidos, miles de encarcelados, asesinados, exiliados; la impagable deuda externa, la destrucción de la industria nacional, de la educación pública, de los hospitales, y la instalación de un terrorismo de Estado como pocas veces se vio en el mundo, son sólo algunos de los hitos del llamado "Proceso de Reorganización Nacional"

Jorge Lanata, en un fragmento de un texto publicado en su diario, cuenta como vivió ese tiempo, "El resto de la historia es conocida. Me preguntaba, en aquellos años, con qué cara iban a mirarme aquellos editores que llevaban todas las tardes, con puntualidad, las tapas de sus diarios a la Presidencia para conseguir la aprobación. ¿Qué iban a hacer los grandes grupos que durante la dictadura habían crecido como nunca? ¿Y los canales? ¿Iban a hablar alguna vez todos los que habían callado? Ahora todos utilizan, sin ambages, la palabra “represor”.
Suena graciosa dicha sin ambages por las chicas de los noticieros. Se les nota. A fuerza de mencionarla tanto ya casi la vaciaron de contenido. Para Shakespeare ”la vida es una historia contada por un idiota, una historia llena de estruendo y furia, que nada significa”. En la Argentina la historia está contada por un bromista: nadie fue más cobarde frente al Partido Militar que Alfonsín, que juzgó a las Juntas, y nadie hizo más por la ética de la justicia y los derechos humanos que Néstor Kirchner, que en otros casos olvidó la ética. A Dios debe divertirle que vivamos entre paradojas. La grieta sigue abierta y esta nueva versión oficial de la historia no alcanzará para cerrarla. Alguna vez deberemos preguntarnos qué tuvimos que ver con la dictadura que prohijamos; nadie mata treinta mil personas sin el consentimiento tácito o explícito del resto de la población. Deberíamos saber por qué creamos monstruos: no alcanza con golpearnos el pecho y echarles la culpa de todo. Nadie va a devolvernos esos años; lo mejor que podemos hacer con ellos es echarles un poco de luz para ver qué hay detrás."

Nos paremos donde nos paremos ideológicamente, siento que lo importante es considerar aquel 24 de marzo como una fecha distinta, como algo que no debería repetirse. No es un feriado mas, no debería serlo...

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martes, 27 de enero de 2009
Rodolfo Walsh por Rodolfo Walsh
Me llaman Rodolfo Walsh. Cuando chico, ese nombre no terminaba de convencerme: pensaba que no me serviría, por ejemplo, para ser presidente de la República. Mucho después descubrí que podía pronunciarse como dos yambos aliterados (1), y eso me gustó.
Nací en Choele-Choel, que quiere decir "corazón de palo". Me ha sido reprochado por varias mujeres.
Mi vocación se despertó tempranamente: a los ocho años decidí ser aviador. Por una de esas confusiones, el que la cumplió fue mi hermano. Supongo que a partir de ahí me quedé sin vocación y tuve muchos oficios. El más espectacular: limpiador de ventanas; el más humillante: lavacopas; el más burgués: comerciante de antiguedades; el más secreto: criptógrafo en Cuba.
Mi padre era mayordomo de estancia, un transculturado al que los peones mestizos de Río Negro llamaban Huelche. Tuvo tercer grado, pero sabía bolear avestruces y dejar el molde en la cancha de bochas. Su coraje físico sigue pareciéndome casi mitológico. Hablaba con los caballos. Uno lo mató, en 1947, y otro nos dejó como única herencia. Este se llamaba "Mar Negro", y marcaba dieciséis segundos en los trescientos: mucho caballo para ese campo. Pero esta ya era zona de la desgracia, provincia de Buenos Aires.
Tengo una hermana monja y dos hijas laicas. Mi madre vivió en medio de cosas que no amaba: el campo, la pobreza. En su implacable resistencia resultó más valerosa, y durable, que mi padre. El mayor disgusto que le causo es no haber terminado mi profesorado en letras.
Mis primeros esfuerzos literarios fueron satíricos, cuartetas alusivas a maestros y celadores de sexto grado. Cuando a los diecisiete años dejé el Nacional y entré en una oficina, la inspiración seguía viva, pero había perfeccionado el método: ahora armaba sigilosos acrósticos.
La idea más perturbadora de mi adolescencia fue ese chiste idiota de Rilke: Si usted piensa que puede vivir sin escribir, no debe escribir. Mi noviazgo con una muchacha que escribía incomparablemente mejor que yo me redujo a silencio durante cinco años.
Mi primer libro fueron tres novelas cortas en el género policial, del que hoy abomino. Lo hice en un mes, sin pensar en la literatura, aunque sí en la diversión y el dinero. Me callé durante cuatro años más, porque no me consideraba a la altura de nadie.
Operación masacre cambió mi vida. Haciéndola, comprendí que, además de mis perplejidades íntimas, existía un amenazante mundo exterior. Me fui a Cuba, asistí al nacimiento de un orden nuevo, contradictorio, a veces épico, a veces fastidioso. Volví, completé un nuevo silencio de seis años. En 1964 decidí que de todos mis oficios terrestres, el violento oficio de escritor era el que más me convenía. Pero no veo en eso una determinación mística. En realidad, he sido traído y llevado por los tiempos; podría haber sido cualquier cosa, aun ahora hay momentos en que me siento disponible para cualquier aventura, para empezar de nuevo, como tantas veces.
En la hipótesis de seguir escribiendo, lo que más necesito es una cuota generosa de tiempo. Soy lento, he tardado quince años en pasar del mero nacionalismo a la izquierda; lustros en aprender a armar un cuento, a sentir la respiración de un texto; sé que me falta mucho para poder decir instantáneamente lo que quiero, en su forma óptima; pienso que la literatura es, entre otras cosas, un avance laborioso a través de la propia estupidez.
(1) Unidad métrica compuesta por una sílaba breve (sin acento) y una larga (acentuada). Así, habría que leer Rodólf Fowólsh.
Fragmento de "Ese hombre", de Rodolfo Walsh. © 1996 Seix Barral
Nací en Choele-Choel, que quiere decir "corazón de palo". Me ha sido reprochado por varias mujeres.
Mi vocación se despertó tempranamente: a los ocho años decidí ser aviador. Por una de esas confusiones, el que la cumplió fue mi hermano. Supongo que a partir de ahí me quedé sin vocación y tuve muchos oficios. El más espectacular: limpiador de ventanas; el más humillante: lavacopas; el más burgués: comerciante de antiguedades; el más secreto: criptógrafo en Cuba.
Mi padre era mayordomo de estancia, un transculturado al que los peones mestizos de Río Negro llamaban Huelche. Tuvo tercer grado, pero sabía bolear avestruces y dejar el molde en la cancha de bochas. Su coraje físico sigue pareciéndome casi mitológico. Hablaba con los caballos. Uno lo mató, en 1947, y otro nos dejó como única herencia. Este se llamaba "Mar Negro", y marcaba dieciséis segundos en los trescientos: mucho caballo para ese campo. Pero esta ya era zona de la desgracia, provincia de Buenos Aires.
Tengo una hermana monja y dos hijas laicas. Mi madre vivió en medio de cosas que no amaba: el campo, la pobreza. En su implacable resistencia resultó más valerosa, y durable, que mi padre. El mayor disgusto que le causo es no haber terminado mi profesorado en letras.
Mis primeros esfuerzos literarios fueron satíricos, cuartetas alusivas a maestros y celadores de sexto grado. Cuando a los diecisiete años dejé el Nacional y entré en una oficina, la inspiración seguía viva, pero había perfeccionado el método: ahora armaba sigilosos acrósticos.
La idea más perturbadora de mi adolescencia fue ese chiste idiota de Rilke: Si usted piensa que puede vivir sin escribir, no debe escribir. Mi noviazgo con una muchacha que escribía incomparablemente mejor que yo me redujo a silencio durante cinco años.
Mi primer libro fueron tres novelas cortas en el género policial, del que hoy abomino. Lo hice en un mes, sin pensar en la literatura, aunque sí en la diversión y el dinero. Me callé durante cuatro años más, porque no me consideraba a la altura de nadie.
Operación masacre cambió mi vida. Haciéndola, comprendí que, además de mis perplejidades íntimas, existía un amenazante mundo exterior. Me fui a Cuba, asistí al nacimiento de un orden nuevo, contradictorio, a veces épico, a veces fastidioso. Volví, completé un nuevo silencio de seis años. En 1964 decidí que de todos mis oficios terrestres, el violento oficio de escritor era el que más me convenía. Pero no veo en eso una determinación mística. En realidad, he sido traído y llevado por los tiempos; podría haber sido cualquier cosa, aun ahora hay momentos en que me siento disponible para cualquier aventura, para empezar de nuevo, como tantas veces.
En la hipótesis de seguir escribiendo, lo que más necesito es una cuota generosa de tiempo. Soy lento, he tardado quince años en pasar del mero nacionalismo a la izquierda; lustros en aprender a armar un cuento, a sentir la respiración de un texto; sé que me falta mucho para poder decir instantáneamente lo que quiero, en su forma óptima; pienso que la literatura es, entre otras cosas, un avance laborioso a través de la propia estupidez.
(1) Unidad métrica compuesta por una sílaba breve (sin acento) y una larga (acentuada). Así, habría que leer Rodólf Fowólsh.
Fragmento de "Ese hombre", de Rodolfo Walsh. © 1996 Seix Barral
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viernes, 14 de noviembre de 2008
Amar es estar parado sobre una piedra movediza
Entrevista a Alejandro Dolina
- ¿Qué es lo que primero le atrae de una mujer?
- Funciona de este modo: hay una primera aduana, inmediata, que es la de la apariencia física. Primero uno se fija en una mujer hermosa. Muy pronto, unos pasos más adelante, hay otra aduana, la de la coincidencia espiritual. Para eso no es necesaria la inteligencia, pero sí cierta pimienta, simpatía y una mirada. Si no existe eso, todo lo demás empieza a derrumbarse. Hay mujeres que debieran ser detenidas por portación ilegítima de lomo. No sostienen con la gracia lo que tienen de físico.
- Pero quedó claro que para usted lo físico importa.
- Claro que me importa, tanto como la tercera y la más importante de las aduanas: la del amor. Cuando uno convierte a esa mujer, no en linda, inteligente y graciosa - eso lo es cualquiera- sino en única e irremplazable para su vida. El erotismo consiste en disfrutar de un fenómeno físico grato. Con el erotismo da lo mismo Juanita o María si están muy bien las dos. Con el amor no hay ninguna posibilidad de reemplazar a nadie. El amor sucede por razones misteriosísimas, no tienen que ver con el lomo ni la inteligencia que sirvieron para gestar una atracción. El amor es imposible de prever, sólo sucede.
- ¿En qué instante dice: "chau, me enamoré"?
- Es una sensación física. Se parece a una patada en el corazón dada desde adentro. Un golpe en el plexo solar. Hay una enorme sensación de temor a la pérdida de ese ser. Una enorme ansiedad antes de la consumación y después una ansiedad permanente porque el amor es peligro, es como estar parado en una piedra movediza. Por eso no sirve para nada el amor garantizado, cuando eso sucede estamos negando el amor en su esencia.
- Explíqueme más.
- Prometer bajo la forma de casamiento o de cualquier otro compromiso que lo vamos a amar por tiempo indeterminado. No es posible garantizar la eternidad de ciertos sentimientos. Lo que no quiere decir que la conducta ser imprescindible. Si se promete eternidad se hace ya no pensando en el amor sino en el funcionamiento burgués de una comunidad. El casamiento consiste en eso y no está mal... pero eso no es exactamente amor.
- A cierta edad una buena sociedad viene bien.
- No digo que esté mal porque no está mal el erotismo ni la amistad, pero insisto en que eso no es amor. Puede ocurrir que a uno le toque vivir sin amor...
- Qué triste.
- Es horrible, pero sucede muchas veces.
- ¿Cómo son sus días sin amor?
- Son estos. No ando llorando, tengo amistades, vida erótica, mujeres muy queridas y hasta muy deseadas... Pero el amor sucede una o dos veces en la vida.
- A usted ¿cuántas le pasó?
- Algunas veces.
- No se quedó con ninguna.
- No fueron indecisiones mías únicamente. Sucedió así.
- Está de moda que los señores grandes tengan novias más chicas.
- Puede ser.
- ¿Y usted?
- Tuve novias más chicas. En general, me llevo mejor con la gente más joven. Hay un intercambio interesante cuando la pareja se forma de esa manera. El más viejo hace mejor negocio porque la juventud es un valor más preciado que la inteligencia. El más joven ingresa en un mundo de experiencia, conocimientos, sabiduría, de excelencia en lo sexual y, a veces, de seguridad económica.
- Las energías nuevas tienen más valor.
- La persona mayor rejuvenece muchísimo. Se conecta con otro mundo, con lo que será. A mí me sucedió y fui muy dichoso. Los mejores años de mi vida los viví con gente más joven.
- Rejuvenecer por amor... no está mal.
- Tampoco pongamos la palabra amor en todas partes. El amor consiste en poner adjetivos calificativos donde no los hay. En elegir a alguien y transformarlo en lo que no es. Es un engaño compartido, una falsedad pactada: "Yo haré como que sos mejor de lo que sos y vos harás como si yo fuera mejor de lo que soy." De este plus que ponemos el uno en el otro sale una cuestión ventajosa para el amor y el erotismo.
- ¿Cuándo se termina todo eso?
- No hay una manera de preverlo. A veces dura toda la vida, pero otras se termina rápido.
- ¿La convivencia tiene algo que ver con el final?
- Contribuye a terminar con el hermoso engaño del que habíamos hablado, porque no es posible sostener el pedestal durante actividades tan prosaicas como sacar la basura. Algunos dicen que la convivencia es mala, pero yo creo que no tiene por qué ser un ejercicio cotidiano de vulgaridad y rutina.
- ¿Alguna vez se enamoró por voluntad propia?
- No. Al contrario, muchas veces me enamoré en contra de mi voluntad. Ojalá hubiera podido, sería una persona más dichosa y razonable. Nadie puede manejar a voluntad sus amores. Yo agradezco que haya sido así. Voy a decirte algo que tiene que ver con esto. Una vez me preguntaron si me gustaría conocer mi futuro y yo les dije que no.
- Tuvo miedo.
- No. No fue por miedo a saber si moriré mañana o si alguna desgracia me esperaba. Si yo hubiera sabido lo que me iba a ocurrir, las mejores cosas no me hubieran ocurrido. Me hubiera dado miedo. Te doy un ejemplo claro: a un señor le ocurre un embarazo no deseado de su novia. En un principio el tipo piensa: "¿Por qué no habré tenido cuidado?" y resulta que con los años ese mal trago se convierte en un hijo muy querido.
- ¿Qué es lo que primero le atrae de una mujer?
- Funciona de este modo: hay una primera aduana, inmediata, que es la de la apariencia física. Primero uno se fija en una mujer hermosa. Muy pronto, unos pasos más adelante, hay otra aduana, la de la coincidencia espiritual. Para eso no es necesaria la inteligencia, pero sí cierta pimienta, simpatía y una mirada. Si no existe eso, todo lo demás empieza a derrumbarse. Hay mujeres que debieran ser detenidas por portación ilegítima de lomo. No sostienen con la gracia lo que tienen de físico.
- Pero quedó claro que para usted lo físico importa.
- Claro que me importa, tanto como la tercera y la más importante de las aduanas: la del amor. Cuando uno convierte a esa mujer, no en linda, inteligente y graciosa - eso lo es cualquiera- sino en única e irremplazable para su vida. El erotismo consiste en disfrutar de un fenómeno físico grato. Con el erotismo da lo mismo Juanita o María si están muy bien las dos. Con el amor no hay ninguna posibilidad de reemplazar a nadie. El amor sucede por razones misteriosísimas, no tienen que ver con el lomo ni la inteligencia que sirvieron para gestar una atracción. El amor es imposible de prever, sólo sucede.
- ¿En qué instante dice: "chau, me enamoré"?
- Es una sensación física. Se parece a una patada en el corazón dada desde adentro. Un golpe en el plexo solar. Hay una enorme sensación de temor a la pérdida de ese ser. Una enorme ansiedad antes de la consumación y después una ansiedad permanente porque el amor es peligro, es como estar parado en una piedra movediza. Por eso no sirve para nada el amor garantizado, cuando eso sucede estamos negando el amor en su esencia.
- Explíqueme más.
- Prometer bajo la forma de casamiento o de cualquier otro compromiso que lo vamos a amar por tiempo indeterminado. No es posible garantizar la eternidad de ciertos sentimientos. Lo que no quiere decir que la conducta ser imprescindible. Si se promete eternidad se hace ya no pensando en el amor sino en el funcionamiento burgués de una comunidad. El casamiento consiste en eso y no está mal... pero eso no es exactamente amor.
- A cierta edad una buena sociedad viene bien.
- No digo que esté mal porque no está mal el erotismo ni la amistad, pero insisto en que eso no es amor. Puede ocurrir que a uno le toque vivir sin amor...
- Qué triste.
- Es horrible, pero sucede muchas veces.
- ¿Cómo son sus días sin amor?
- Son estos. No ando llorando, tengo amistades, vida erótica, mujeres muy queridas y hasta muy deseadas... Pero el amor sucede una o dos veces en la vida.
- A usted ¿cuántas le pasó?
- Algunas veces.
- No se quedó con ninguna.
- No fueron indecisiones mías únicamente. Sucedió así.
- Está de moda que los señores grandes tengan novias más chicas.
- Puede ser.
- ¿Y usted?
- Tuve novias más chicas. En general, me llevo mejor con la gente más joven. Hay un intercambio interesante cuando la pareja se forma de esa manera. El más viejo hace mejor negocio porque la juventud es un valor más preciado que la inteligencia. El más joven ingresa en un mundo de experiencia, conocimientos, sabiduría, de excelencia en lo sexual y, a veces, de seguridad económica.
- Las energías nuevas tienen más valor.
- La persona mayor rejuvenece muchísimo. Se conecta con otro mundo, con lo que será. A mí me sucedió y fui muy dichoso. Los mejores años de mi vida los viví con gente más joven.
- Rejuvenecer por amor... no está mal.
- Tampoco pongamos la palabra amor en todas partes. El amor consiste en poner adjetivos calificativos donde no los hay. En elegir a alguien y transformarlo en lo que no es. Es un engaño compartido, una falsedad pactada: "Yo haré como que sos mejor de lo que sos y vos harás como si yo fuera mejor de lo que soy." De este plus que ponemos el uno en el otro sale una cuestión ventajosa para el amor y el erotismo.
- ¿Cuándo se termina todo eso?
- No hay una manera de preverlo. A veces dura toda la vida, pero otras se termina rápido.
- ¿La convivencia tiene algo que ver con el final?
- Contribuye a terminar con el hermoso engaño del que habíamos hablado, porque no es posible sostener el pedestal durante actividades tan prosaicas como sacar la basura. Algunos dicen que la convivencia es mala, pero yo creo que no tiene por qué ser un ejercicio cotidiano de vulgaridad y rutina.
- ¿Alguna vez se enamoró por voluntad propia?
- No. Al contrario, muchas veces me enamoré en contra de mi voluntad. Ojalá hubiera podido, sería una persona más dichosa y razonable. Nadie puede manejar a voluntad sus amores. Yo agradezco que haya sido así. Voy a decirte algo que tiene que ver con esto. Una vez me preguntaron si me gustaría conocer mi futuro y yo les dije que no.
- Tuvo miedo.
- No. No fue por miedo a saber si moriré mañana o si alguna desgracia me esperaba. Si yo hubiera sabido lo que me iba a ocurrir, las mejores cosas no me hubieran ocurrido. Me hubiera dado miedo. Te doy un ejemplo claro: a un señor le ocurre un embarazo no deseado de su novia. En un principio el tipo piensa: "¿Por qué no habré tenido cuidado?" y resulta que con los años ese mal trago se convierte en un hijo muy querido.
jueves, 13 de noviembre de 2008
Lost: temporada 5. Fecha confirmada!

El fin de la espera para los fans de Lost tiene fecha definitiva. Los rumores iniciales decían que el programa estaría de vuelta el 31 de enero de 2009; pero finalmente, la cadena ABC anunció que la quinta temporada de la serie con más seguidores en todo el mundo aparecerá diez días antes de lo previsto. Será el miércoles 21, entonces, con una premiere especial de dos horas (el ya conocido capítulo de una hora resumiendo lo sucedido más uno doble que marcará el comienzo), y aunque se había asegurado que la temporada sería de 16 capítulos, suena fuerte el rumor de que serán 17, y que lo mismo sucederá con las dos temporadas restantes. La fecha definitiva del final del programa está pautada para 2010.
La serie –que en estos momentos es filmada bajo estrictas normas de seguridad– volvió a la noche de los miércoles después de ser movida a las de los jueves, y ya se sabe que dividirá su trama en tres espacios temporales, como sucedió en la última, la cuarta, que acaba de salir en DVD en la Argentina.
ABC anunció que la premiere sería de dos horas en una promo muy sintética emitida el pasado martes, y que viene a sumarse al trailer oficial que ya circula en los innumerables sitios de internet dedicados a la serie.
Fuente: Diario Crítica de la Argentina
domingo, 19 de octubre de 2008
Paradojas
Si la contradicción es el pulmón de la historia, la paradoja ha de ser, se me ocurre, el espejo que la historia usa para tomarnos el pelo.
Ni el propio hijo de Dios se salvo de la paradoja. El eligió para nacer, un desierto subtropical donde casi nunca nieva, pero la nieve se convirtió en un símbolo universal de la navidad desde que Europa decidió europear a Jesús. Y para mas “INRI”, el nacimiento de Jesús es, hoy por hoy, el negocio que mas dinero da a los mercaderes que Jesús había expulsado del templo.
Napoleón Bonaparte, el más francés de los franceses, no era francés. No era ruso José Stalin, el más ruso de los rusos; y el más alemán de los alemanes, Adolfo Hitler, había nacido en Austria. Margherita Sarfatti, la mujer mas amada por el antisemita Mussolini, era judía. José Carlos Mariategui, el más marxista de los marxistas latinoamericanos, creía fervorosamente en Dios. El Che Guevara había sido declarado “completamente inepto para la vida militar” por el ejercito argentino.
De manos de un escultor llamado Aleijandinho, que era el más feo de los brasileños, nacieron las más altas hermosuras del Brasil. Los negros norteamericanos, los más oprimidos, crearon el Jazz, que es la más libre de las músicas. En el encierro de una cárcel fue concebido Don Quijote, el más andante de los caballeros. Y para colmo de paradojas, Don Quijote nunca dijo su frase mas celebre. Nunca dijo: “ladran Sancho, señal que cabalgamos”.
“Te noto nerviosa.” dice el histérico. “Te odio.” dice la enamorada. “No habrá devaluación”, dice, en vísperas de la devaluación el ministro de economía. “Los militares respetan la constitución”, dice en vísperas del golpe de estado, el ministro de defensa.
En su guerra contra la revolución sandinista, el gobierno de los Estados Unidos coincidía, paradójicamente, con el partido comunista de Nicaragua. Y paradójicas habían sido, al fin y al cabo, las barricadas, que cerraban la calle, y abrían el camino.
Eduardo Galeano en "El Libro de los Abrazos".
Ni el propio hijo de Dios se salvo de la paradoja. El eligió para nacer, un desierto subtropical donde casi nunca nieva, pero la nieve se convirtió en un símbolo universal de la navidad desde que Europa decidió europear a Jesús. Y para mas “INRI”, el nacimiento de Jesús es, hoy por hoy, el negocio que mas dinero da a los mercaderes que Jesús había expulsado del templo.
Napoleón Bonaparte, el más francés de los franceses, no era francés. No era ruso José Stalin, el más ruso de los rusos; y el más alemán de los alemanes, Adolfo Hitler, había nacido en Austria. Margherita Sarfatti, la mujer mas amada por el antisemita Mussolini, era judía. José Carlos Mariategui, el más marxista de los marxistas latinoamericanos, creía fervorosamente en Dios. El Che Guevara había sido declarado “completamente inepto para la vida militar” por el ejercito argentino.
De manos de un escultor llamado Aleijandinho, que era el más feo de los brasileños, nacieron las más altas hermosuras del Brasil. Los negros norteamericanos, los más oprimidos, crearon el Jazz, que es la más libre de las músicas. En el encierro de una cárcel fue concebido Don Quijote, el más andante de los caballeros. Y para colmo de paradojas, Don Quijote nunca dijo su frase mas celebre. Nunca dijo: “ladran Sancho, señal que cabalgamos”.
“Te noto nerviosa.” dice el histérico. “Te odio.” dice la enamorada. “No habrá devaluación”, dice, en vísperas de la devaluación el ministro de economía. “Los militares respetan la constitución”, dice en vísperas del golpe de estado, el ministro de defensa.
En su guerra contra la revolución sandinista, el gobierno de los Estados Unidos coincidía, paradójicamente, con el partido comunista de Nicaragua. Y paradójicas habían sido, al fin y al cabo, las barricadas, que cerraban la calle, y abrían el camino.
Eduardo Galeano en "El Libro de los Abrazos".
lunes, 22 de septiembre de 2008
Preguntas de un obrero ante un libro
Tebas, la de las Siete Puertas, quién la construyó? En los libros figuran los nombres de los reyes, ¿arrastraron los reyes los grandes bloques de piedra?
Y Babilonia, destruida tantas veces, ¿quién la volvió a contruir otras tantas? ¿En qué casas de la dorada Lima vivían los obreros que la construyeron?
La noche en que fue terminada la Muralla China, ¿adónde fueron los albañiles?
Roma la Grande está llena de arcos de triunfo, ¿quién los erigió?
¿Sobre quiénes triunfaron los Césares?
Bizancio, tan cantada, ¿tenía sólo palacios para sus habitantes?
Hasta en la fabulosa Atlántida, la noche en que el mar se la tragaba, los habitantes clamaban pidiendo ayuda a sus esclavos.
El joven Alejandro conquistó la India; ¿él sólo?
César venció a los galos. ¿No llevaba consigo ni siquiera un cocinero?
Felipe II lloró al hundirse su flota. ¿No lloró nadie más?
Federico II ganó la Guerra de los Siete Años. ¿Quién la ganó, además?
Una victoria en cada página. ¿Quién cocinaba los banquetes de la victoria?
Un gran hombre cada diez años. ¿Quién paga sus gastos?
Bertolt Brecht
"Una pregunta para cada historia"
Este texto de Brecht me hizo acordar a un post anterior sobre los olvidos; aun con estos silencios la Historia no pierde su emoción; todo lo contrario, se torma mucho mas interesante!
Y Babilonia, destruida tantas veces, ¿quién la volvió a contruir otras tantas? ¿En qué casas de la dorada Lima vivían los obreros que la construyeron?
La noche en que fue terminada la Muralla China, ¿adónde fueron los albañiles?
Roma la Grande está llena de arcos de triunfo, ¿quién los erigió?
¿Sobre quiénes triunfaron los Césares?
Bizancio, tan cantada, ¿tenía sólo palacios para sus habitantes?
Hasta en la fabulosa Atlántida, la noche en que el mar se la tragaba, los habitantes clamaban pidiendo ayuda a sus esclavos.
El joven Alejandro conquistó la India; ¿él sólo?
César venció a los galos. ¿No llevaba consigo ni siquiera un cocinero?
Felipe II lloró al hundirse su flota. ¿No lloró nadie más?
Federico II ganó la Guerra de los Siete Años. ¿Quién la ganó, además?
Una victoria en cada página. ¿Quién cocinaba los banquetes de la victoria?
Un gran hombre cada diez años. ¿Quién paga sus gastos?
Bertolt Brecht
"Una pregunta para cada historia"
Este texto de Brecht me hizo acordar a un post anterior sobre los olvidos; aun con estos silencios la Historia no pierde su emoción; todo lo contrario, se torma mucho mas interesante!
domingo, 21 de septiembre de 2008
¿Adán y Eva eran negros?
Los espejos están llenos de gente.
Los invisibles nos ven.
Los olvidados nos recuerdan.
Cuando nos vemos, los vemos.
Cuando nos vamos, ¿se van?
En África empezó el viaje humano en el mundo. Desde allí emprendieron nuestros abuelos la conquista del planeta. Los diversos caminos fundaron los diversos destinos, y el sol se ocupó del reparto de los colores.
Ahora las mujeres y los hombres, arcoiris de la tierra, tenemos más colores que el arcoiris del cielo; pero somos todos africanos emigrados. Hasta los blancos blanquísimos vienen del África.
Quizá nos negamos a recordar nuestro origen común porque el racismo produce amnesia, o porque nos resulta imposible creer que en aquellos tiempos remotos el mundo entero era nuestro reino, inmenso mapa sin fronteras, y nuestras piernas eran el único pasaporte exigido.
Eduardo Galeano. Espejos, una suerte de historia universal. 2008
Los invisibles nos ven.
Los olvidados nos recuerdan.
Cuando nos vemos, los vemos.
Cuando nos vamos, ¿se van?
En África empezó el viaje humano en el mundo. Desde allí emprendieron nuestros abuelos la conquista del planeta. Los diversos caminos fundaron los diversos destinos, y el sol se ocupó del reparto de los colores.
Ahora las mujeres y los hombres, arcoiris de la tierra, tenemos más colores que el arcoiris del cielo; pero somos todos africanos emigrados. Hasta los blancos blanquísimos vienen del África.
Quizá nos negamos a recordar nuestro origen común porque el racismo produce amnesia, o porque nos resulta imposible creer que en aquellos tiempos remotos el mundo entero era nuestro reino, inmenso mapa sin fronteras, y nuestras piernas eran el único pasaporte exigido.
Eduardo Galeano. Espejos, una suerte de historia universal. 2008
jueves, 18 de septiembre de 2008
Sin Lopez no hay Nunca Mas... 30.001...
Hoy se cumplen dos años de la desaparición de Julio Lopez en la ciudad de La Plata...
Este albañil de 76 años que tuvo el coraje de prestar su crucial testimonio en un juicio por genocidio, está desaparecido desde el 18 de septiembre de 2006.
La hipótesis del shock emocional es casi tan temible como la del secuestro policial. De eso se tratan las movilizaciones e iniciativas por la aparición con vida de Julio López, para reafirmar dos palabras: Nunca Más.
Jorge Julio López, testigo crucial y querellante en el primer juicio oral y público por genocidio tras la anulación de las leyes de impunidad, no contaba con cuidado ni protección alguna. Está desaparecido desde hace dos años. Fue un desaparecido durante la dictadura. Es un desaparecido ahora en democracia...





Jorge Julio López fue durante dos años y medio un desaparecido, pero tuvo el extraño privilegio de sobrevivir para contarlo. Estuvo prisionero en un circuito clandestino de detención que representaba el nido de los amos de la vida y de la muerte en esa ciudad de La Plata de tiempos de la dictadura y de la policía comandada por Ramón Camps y su secuaz, Miguel Etchecolatz.
“Tenía cara de mono”, describió López en su primera declaración en los llamados Juicios por la Verdad. No sabía todavía el nombre de ese “mono” que terminó condenado a prisión perpetua y que en los tiempos en que López era una desaparecido acompañaba a Camps en las torturas. A López le quedó el pecho marcado con los rastros de la picana y por eso ofreció mostrarle sus heridas a los jueces como prueba. Él, junto a tantos otros, lograron así reconstruir con lo que tenían –pedazos de nombres, fragmentos de lugares, terrores y heridas- ese nido de impunidad de la policía bonaerense: lo que allí pasaba y quiénes pasaban. Nombraron a los represores y nombraron a sus víctimas.
El 18 de septiembre de 2006 López iba a terminar un capítulo de esa historia que comenzó cuando lo secuestraron, el 27 de octubre de 1976 y que a lo largo de 30 años tropezó con las más increíbles formas de impunidad. La causa que lo tuvo como testigo puede ser también considerada un nido: solo contabilizando los últimos tropiezos judiciales, tuvo desde marzo de 2000 –fecha en que se llevaron adelante las audiencias de los llamados Juicios por la Verdad- tantas idas y vueltas que cuesta creer que en el momento crucial, López no estuviera allí para escuchar el fallo.
Pero no estuvo.
No hay metáforas para explicar el por qué: una vez más, nadie vio qué pasó.

Este albañil de 76 años que tuvo el coraje de prestar su crucial testimonio en un juicio por genocidio, está desaparecido desde el 18 de septiembre de 2006.
La hipótesis del shock emocional es casi tan temible como la del secuestro policial. De eso se tratan las movilizaciones e iniciativas por la aparición con vida de Julio López, para reafirmar dos palabras: Nunca Más.
Jorge Julio López, testigo crucial y querellante en el primer juicio oral y público por genocidio tras la anulación de las leyes de impunidad, no contaba con cuidado ni protección alguna. Está desaparecido desde hace dos años. Fue un desaparecido durante la dictadura. Es un desaparecido ahora en democracia...





Jorge Julio López fue durante dos años y medio un desaparecido, pero tuvo el extraño privilegio de sobrevivir para contarlo. Estuvo prisionero en un circuito clandestino de detención que representaba el nido de los amos de la vida y de la muerte en esa ciudad de La Plata de tiempos de la dictadura y de la policía comandada por Ramón Camps y su secuaz, Miguel Etchecolatz.
“Tenía cara de mono”, describió López en su primera declaración en los llamados Juicios por la Verdad. No sabía todavía el nombre de ese “mono” que terminó condenado a prisión perpetua y que en los tiempos en que López era una desaparecido acompañaba a Camps en las torturas. A López le quedó el pecho marcado con los rastros de la picana y por eso ofreció mostrarle sus heridas a los jueces como prueba. Él, junto a tantos otros, lograron así reconstruir con lo que tenían –pedazos de nombres, fragmentos de lugares, terrores y heridas- ese nido de impunidad de la policía bonaerense: lo que allí pasaba y quiénes pasaban. Nombraron a los represores y nombraron a sus víctimas.
El 18 de septiembre de 2006 López iba a terminar un capítulo de esa historia que comenzó cuando lo secuestraron, el 27 de octubre de 1976 y que a lo largo de 30 años tropezó con las más increíbles formas de impunidad. La causa que lo tuvo como testigo puede ser también considerada un nido: solo contabilizando los últimos tropiezos judiciales, tuvo desde marzo de 2000 –fecha en que se llevaron adelante las audiencias de los llamados Juicios por la Verdad- tantas idas y vueltas que cuesta creer que en el momento crucial, López no estuviera allí para escuchar el fallo.
Pero no estuvo.
No hay metáforas para explicar el por qué: una vez más, nadie vio qué pasó.

miércoles, 17 de septiembre de 2008
Deseos
Un diálogo sin desperdicio...
- Sofía (9):
"Hay un chico en la escuela que gusta de mi, quiere ser mi novio.
Yo no quiero saber nada!
Si yo tengo un novio, quiero que sea liiindo, inteligeeente...
Y, ¿cómo te lo puedo explicar?, que no sea asqueroso...
¡Que no se coma los mocos!"
- Lucía (22):
"Todas queremos lo mismo..."
No lo dije yo! Lo dijo Lucía en No se culpe a nadie.
- Sofía (9):
"Hay un chico en la escuela que gusta de mi, quiere ser mi novio.
Yo no quiero saber nada!
Si yo tengo un novio, quiero que sea liiindo, inteligeeente...
Y, ¿cómo te lo puedo explicar?, que no sea asqueroso...
¡Que no se coma los mocos!"
- Lucía (22):
"Todas queremos lo mismo..."
No lo dije yo! Lo dijo Lucía en No se culpe a nadie.
Mas de esto por acá:
Esa bendita costilla,
Historias,
Lo tomé prestado
sábado, 13 de septiembre de 2008
Dolina: Internet y la soledad
- ¿Crees que con la aparición de Internet toma fuerza aquel refrán que dice que el amor no conoce fronteras?
- Con la irrupción de Internet parece que los horizontes se ampliarán en lo que respecta al amor, las seducciones o a las meras amistades, es decir, a todo tipo de relaciones sentimentales. Usualmente, el tipo que no sale nunca de su casa está condenado a un universo sentimental que no va más allá de la vecina; y el que solamente frecuenta a las personas relacionadas con su trabajo o estudio termina, fatalmente, casándose con una compañera de trabajo o de estudio. Esto ha sido así durante larguísimos años. El estudio de las vidas de las personas que tienen 50 o 60 años nos revelaría que, efectivamente, son muy numerosos los casos de personas casadas con sus vecinos, compañeros de trabajo o de estudio. Se me dirá: qué problema hay con casarse con personas que uno ya conoce. Peor sería que uno se casase o relacionase con desconocidos. Lo que sucede es que los horizontes mismos a los que uno estaba condenado, limitaban ya, desde antes de intentarlo, la extensión sentimental de nuestra vida.
Y aquí aparece Internet, que nos permite tomar contacto con personas que están fuera del horizonte, que están incluso en ámbitos que no conocemos o que no sospechamos, donde la distancia no sólo no es un obstáculo, sino que, a veces, hasta es un estímulo. Parece que una de las virtudes buscadas fuera la distancia, como una virtud exótica. Parece que la mujer que vive a miles de kilómetros es más atractiva que la que vive allí nomás; el vivir cerca es casi un gesto de vulgaridad.
- ¿Crees que puede ser efectiva una relación amorosa que se da por estos medios?
- Hay que ver si las relaciones que se establecen mediante la navegación y la exploración cibernética finalmente resultan reales. Porque es probable que con un método de seducción mecánico, se obtengan amores mecánicos.
A mí, en general, me produce una sensación de aventura y de estímulo. Yo me sentiría atraído a responder los llamados y las consultas. Y haría, a mi turno, alguna indagación. Pero me temo que esto se debe parecer a las citas a ciegas o, lo que es peor, a una visión distorsionada. Todos nosotros, alguna vez, hemos asistido a encontrar una mujer de la que sólo teníamos su propio testimonio o, peor, el testimonio de un amigo. Entonces, yo no sé si ese defecto, no ya de la máquina sino de la condición humana, de describirse erróneamente, no vendría a producir infinitos desengaños.
- ¿Con esto estarías proponiendo no asumir el riesgo de ir más allá?
- Ante esto, creo que hay que contentarse con esa relación, con ese ida y vuelta, con lo que el otro puede darnos de su espíritu a través de los kilómetros. Que un amor por carta no salga de una carta, que un amor por Internet no salga de Internet. Si no, hacemos una transcripción de géneros que nunca sale bien. Yo creo que el amor epistolar perfecto es un amor que se consuma en la carta misma. A lo mejor, el amor de Internet perfecto es un amor que obtiene su propio goce allí, no fuera. Si nos hacemos amigos de una señorita que vive en Ottawa, está todo perfecto hasta que la señorita decide viajar a Buenos Aires.
Lo más interesante de todo esto es la idea de agrandar los horizontes, la de no contentarse con una especie de determinismo geográfico de los amores.
La soledad tiene caminos que uno no sospecha. A veces uno cree que ha conseguido derrotarla, pero vuelve... Aparentemente, Internet sería un nuevo arma contra la soledad...
Fragmento de una entrevista a Alejandro Dolina
Mas de esto por acá:
Dolina,
Esa bendita costilla,
Historias,
Personales
jueves, 11 de septiembre de 2008
Ser maestro...
Los maestros vienen en todo tipo de formatos... Los hay altos y bajos, bien vestidos y desaliñados, mujeres y hombres, jóvenes y jubilables.
Se pueden encontrar docentes conocedores de su materias y aquellos que simplemente repiten un conocimiento débilmente adquirido, expertos y novatos.
En el camino del aprendizaje uno se cruza con docentes justos y aquellos que no lo son... Sin embargo, hay varias características que todos tienen en común...
Todos los maestros, en cualquier nivel que ejerzan, creen que los alumnos son personas que pueden cambiar.
A veces se empeñan más allá de las posibilidades propias o de los alumnos. Se empeñan en mejorar lo inmejorable, causando involutariamente dolor a sí mismos y a los demás...
Todos los maestros creen que los alumnos los van a superar y muchos tienen la dosis de generosidad suficiente para permitirlo. Aunque otras veces, el propio narcisismo les juega una mala pasada... y sobreponen sus voces a las de sus alumnos. Pierden así la originalidad de algún alumno brillante y malinterpretan sus dichos, insisten en enseñar algo ya sabido.
Todos los maestros tienen una dosis de exigencia variable, pero no pueden carecer de ella. Muchas veces la dosis es muy alta y entonces nada les viene bien o es muy baja y cualquier aprendizaje de un alumno es tomado como logro final.
Todos los maestros deben luchar contra los prejuicios. Es decir, no sólo creen que los alumnos van a cambiar, sino que deben luchar contra la sostenida tendencia del ser humano de considerar lo distinto con alguna consideración negativa.
Los prejuicios pueden ser descubiertos en sí mismos - y se inicia una de las luchas más dolorosas y dificiles que enfrentan- o en otros ( compañeros, sociedad, etc.). Muchas veces los docentes ignoran que poseen prejuicios, o ni siquieran ven que alumnos o padres ejercen ese tipo de discriminación en alguno de sus alumnos. En esos casos su potencia educativa disminuye notablemente...
En fin... los docentes son todos diferentes y todos iguales. Mantienen actitudes y creencias que hacen que sean lo que son... Vienen demostrando hace largo tiempo, generación tras generación que creen en un futuro mejor; han enseñado a leer, a escribir y a pensar a millones de personas, a comprender los logros de la humanidad a millones de personas, a comprender al semejante a millones de personas...
Y en muchos casos, pese a todas las percepciones sociales, creen que hay un futuro y que éste puede ser mejor...
Feliz día a estos maestros!!!
Fuente: Madre, Padre, Tutor o Encargado
Se pueden encontrar docentes conocedores de su materias y aquellos que simplemente repiten un conocimiento débilmente adquirido, expertos y novatos.
En el camino del aprendizaje uno se cruza con docentes justos y aquellos que no lo son... Sin embargo, hay varias características que todos tienen en común...
Todos los maestros, en cualquier nivel que ejerzan, creen que los alumnos son personas que pueden cambiar.
A veces se empeñan más allá de las posibilidades propias o de los alumnos. Se empeñan en mejorar lo inmejorable, causando involutariamente dolor a sí mismos y a los demás...
Todos los maestros creen que los alumnos los van a superar y muchos tienen la dosis de generosidad suficiente para permitirlo. Aunque otras veces, el propio narcisismo les juega una mala pasada... y sobreponen sus voces a las de sus alumnos. Pierden así la originalidad de algún alumno brillante y malinterpretan sus dichos, insisten en enseñar algo ya sabido.
Todos los maestros tienen una dosis de exigencia variable, pero no pueden carecer de ella. Muchas veces la dosis es muy alta y entonces nada les viene bien o es muy baja y cualquier aprendizaje de un alumno es tomado como logro final.
Todos los maestros deben luchar contra los prejuicios. Es decir, no sólo creen que los alumnos van a cambiar, sino que deben luchar contra la sostenida tendencia del ser humano de considerar lo distinto con alguna consideración negativa.
Los prejuicios pueden ser descubiertos en sí mismos - y se inicia una de las luchas más dolorosas y dificiles que enfrentan- o en otros ( compañeros, sociedad, etc.). Muchas veces los docentes ignoran que poseen prejuicios, o ni siquieran ven que alumnos o padres ejercen ese tipo de discriminación en alguno de sus alumnos. En esos casos su potencia educativa disminuye notablemente...
En fin... los docentes son todos diferentes y todos iguales. Mantienen actitudes y creencias que hacen que sean lo que son... Vienen demostrando hace largo tiempo, generación tras generación que creen en un futuro mejor; han enseñado a leer, a escribir y a pensar a millones de personas, a comprender los logros de la humanidad a millones de personas, a comprender al semejante a millones de personas...
Y en muchos casos, pese a todas las percepciones sociales, creen que hay un futuro y que éste puede ser mejor...
Feliz día a estos maestros!!!
Fuente: Madre, Padre, Tutor o Encargado
miércoles, 10 de septiembre de 2008
Gente jodida
- ¿Viste lo de Ginóbilli?
- No, ¿qué pasó?
- Que al final lo operan esta semana en el pie, por el golpe en los Juegos Olímpicos, y va a estar un mes parado...
- Pobre Manu... Que jodidos estos yanquis!
- Por?
- Justo que lo operan del pie, lo van a tener un mes parado! No hay derecho...
Cuack!
- No, ¿qué pasó?
- Que al final lo operan esta semana en el pie, por el golpe en los Juegos Olímpicos, y va a estar un mes parado...
- Pobre Manu... Que jodidos estos yanquis!
- Por?
- Justo que lo operan del pie, lo van a tener un mes parado! No hay derecho...
Cuack!
martes, 9 de septiembre de 2008
Uno nunca sabe
Lo primero que le preguntó Mario apenas el Mochila se sentó, fue "¿La conoces a esa mina?".
- ¿Cuál?
-- La que saludastes recién.
Mochila giró apenas la cabeza hacia atrás.
- ¿La flaca?
- Sí.
- Sí, la conozco. Es amiga de mi jermu.
- Me emputece esa mina --dijo Mario en voz baja.
- ¿Mi jermu?
- No, boludo. La Flaca, la que saludastes.
- Ah... ¡Mirá qué boludo que sos vos! A todo el mundo lo enloquece la Flaca. ¡Qué te parece!
- ¿Qué? --se alarmó Mario--. ¿Vos también estás jugado en ese palo? ¿Te anotás ahí también?
- No. Yo no. ¿No te digo que es amiga de mi jermu? Estudiaban juntas en la Cultural. Tendría que ser muy loco para tirarme en esa. Pero... te digo...
- Que ganas no te faltan.
- Ganas no me faltan....
Se quedaron en silencio. Mochila controlando las otras mesas, viendo quién había. Mario tocándose cuidadosamente los dientes de adelante con la uña del dedo pulgar de la mano derecha.
- Me tiene loco esa mina --repitió, como para sí mismo. Como si el tema fuese demasiado íntimo como para compartirlo y debatirlo en una mesa de cafe. Y asustado, quizá, por haber ido tan lejos.
- Está buena la Flaca --dijo Mochila, que la tenía sentada a sus espaldas--. Y es una mina piola te cuento... Piola, inteligente. Anda suelta, además...
- Medio histérica debe ser...
- Sí. Eso sí... Lógico... --Mochila seguía sin meterse demasiado en la conversación, en tanto pasaba lista a los presentes-- ¡Bah! --se animó de pronto, ya terminado el control--. Como todas.
- Esa jeta que tiene... --medio por sobre el hombro de Mochila, Mario la espiaba--. Los ojos...
- Y encarala, boludo... ¿qué esperas? --lo animó Mochila, cruzándose de piernas, acomodándose en la silla para quedar de espaldas a la calle Santa Fe, mirando al mostrador. Mario hizo un gesto vago con la cabeza, negativo.
- Está sola, boludo --apretó Mochila--. Andá... Si te quedas esperando, por ahí aparece algun vago, o alguna amiga, y se sienta con ella y cagaste.
Mario se encogió de hombros, mirando ahora hacia afuera, como desentendiéndose del problema.
- ¿No lo viste al Sobo? -preguntó, cambiando de tema. Mochila negó con la cabeza--. Este boludo... --musitó Mario--. Le tengo que pedir un certificado y justo hoy no aparece.
- Oíme --Mochila se incorporó, clavándole la vista--. Andá y sentate con ella, no seas otario... No te va a patear...
- No la conozco --frunció la nariz, Mario.
- ¿Y eso qué tiene que ver? ¿Cómo que no la conocés? Te conoce de acá, pelotudo. Si acá nos junamos todos. No le sabrás el nombre pero la...
- ¿Cómo se llama?
Mochila frunció el ceño.
- Ehhh... --pensó--. Marina, Marta, María... No sé, no sé... Siempre la conocí por la Flaca.
- Marta, Marta se llama --dijo Mario, que ya se había informado.
- Escuchame Mario... --Mochila se inclinó sobre la mesa para darle privacidad a la propuesta--. Te la presento... Voy, me siento en la mesa de ella y te la presento...
Mario se tiró hacia atrás y agitó las manos y la cabeza, casi escandalizado.
- ¡No! No, dejá. Ya está. Ya pasó. Ya fué.
- No me cuesta nada, boludo.
- Dejá, Mochila, dejá. Está bien.
Mochila se encogió de hombros.
- Jodete --dijo. Y buscó a Moreyra con la vista--. ¡Negro! --gritó--. ¿Estás vos acá?
- Además... --Mario, pese a todo, no quería desprenderse totalmente del tema y sabía que el lapso de privacidad con el Mochila podía ser corto--. No da bola, Mochi. No da bola.
Mochila casi se enojó.
- ¿Y cómo sabes que no da bola si nunca la encaraste?
- Porque uno se da cuenta, Mochila. ¿Sabés cuanto hace que la vengo mirando a esa mina? ¿Sabés cuanto hace? Dos años. Debe hacer como dos años...
- ¿Y?
- ¡Nada! Nada de nada. Una mina si te quiere dar bola se manda alguna señal, eso es sabido. Te mira una vez, aunque sea. Te mantiene un poco la mirada. O te sonríe. Te tira un cable.
- No te engañes, no te engañes... Mirá que...
- Sí... "La vida te da sorpresas".
- La vida te da sorpresas...
- Sí, pero acá es muy claro --se desalentó Mario--. ¿Viste que hay... cómo decirte... hay un lapso de duración en una mirada, en un cruce de miradas? Y después hay un plus, que es un milésimo... un milésimo de segundo... un ápice... un cícero... una infinitésima milésima de segundo en que se prolonga esa mirada más de lo normal... Es cuando una mina te mira y vos tenes un sensómetro, un sismógrafo, que registra que esa mirada ha durado esa milésima de segundo mas allá de lo necesario, y es lo que te está diciendo a las claras que esa no es una mirada común, que esa mirada está pidiendo otro cruce de comprobación, que te está diciendo algo... --Mochila afirmaba con la cabeza, algo fastidiado--. Bueno... --no se amilanó Mario--. Esa fracción supletoria de mirada debería tener un nombre. Porque es una medida patron... Es un exceso de intensidad... Debería haber algo como el "miradómetro"... Una unidad de vision, de calentura...
- Bueno, bueno... Cortala... Dejá de hablar pelotudeces... --rogó Mochila--. ¿Y qué pasa? ¿Con esta mina no se dió nunca?
- En la puta vida de Dios.
- Ni te miró...
- Ni me miró ni... --Mario había sacado un encendedor y golpeteaba con él sobre el nerolite buscando la descripción mas gráfica--. O me mira y no me ve. Esa es la cosa. Por ahí me mira, pero lo que hace es solamente dirigir su vista hacia mí. Pero la sensación que yo tengo es como que yo fuera transparente. Que mira a traves mío. Que mira lo que está detrás mío. Digamos, que la profundidad de campo de la cámara de ella está situada seis metros detrás mío... Esa es la sensación que tengo...
Mochila se rascó la cabeza.
- ¡Mirá que sos antiguo! --dijo.
- ¿Por qué? --se ofuscó Mario.
- Andar fijándote en eso de las miradas y esas cosas... Eso es del tiempo en que los pedos se tiraban con gomera.
- ¿Y qué querés que haga? ¿Que vaya y le toque el culo?
- No, boludo. No te digo eso...
- ¿Cómo carajo hacés vos?
- ¿Cómo hago? ¿Cómo hago yo? ¡Voy y me siento con ella! Eso hago. Mirá que difícil. Y le empiezo a hablar de cualquier cosa... No podés entrar en la histeria de las minas, querido... Que te miro, que no te miro, que la profundidad de campo y todas esas pelotudeces...
- Es que... --Mario apoyó el mentón sobre sus manos cruzadas y vaciló. Por momentos lo asaltaba la idea de que no era un tema para hacer publico--. ¿Sabes qué pasa?... ¿Vos te acordás de "El Eternauta"?
- Sí, me acuerdo... Lo que no me acuerdo es quién trabajaba...
- ¿Cómo?
- ¿Quién trabajaba?
- No, boludo. No era una película. Era una historieta.
- Ah, sí... "El Eternauta". Algo me acuerdo...
- Esa que caía una nevada en Buenos Aires, una nevada radioactiva y morían todos...
- Algo. Algo me acuerdo --mintió el Mochila.
- Bueno, en "El Eternauta", aparecían unos tipos de otro planeta, que se llamaban los "Manos", que tenían...
- Mejicanos. "Manito", se decían...
- No, gil. No seas hijo de puta.
- Ah, no. Esa era "Cisco Kid".
- No te acordás de un sorete. Los Manos, que tenían una mano derecha llena de dedos...
- Como cualquiera --Mochila mostró su mano.
- No, muchos mas. Como hasta acá --Mario tiró una línea imaginaria desde la punta de sus propios dedos hasta el codo--. Bueno, esos tipos dirigián a varias especies de bichos extraterrestres que invadían la Tierra. Pero ellos, a su vez, estaban controlados por otra especie superior. Entonces. estos "Manos", que eran igual que nosotros salvo por esos dedos, tenían insertada en el cuerpo una glándula, una glándula que le llamaban "Glándula del Terror" y que les habían insertado esos cosos que los dirigían a ellos. Y... ¿para qué les habían insertado esa glándula? Porque los Manos, igual que los humanos, al sentir temor segregaban una especie de adrenalina y ésta, a su vez, activaba la glándula. Y entonces la glándula dejaba escapar un veneno y el veneno los mataba en minutos, nomás. ¿Me entendés? Si ellos se intentaban rebelar contra la especie superior, sentían miedo y, ahí nomás, cagaban la fruta. Linda idea, ¿no? Porque, además, había otra cosa, fijate. Algunos de ellos habían intentado operarse para sacarse de allí esa glándula pero, al operarse, sentían miedo, y de nuevo la misma cosa, activaban la glándula, ésta largaba el veneno, etc., etc., etc... Era ingenioso, ¿no? Piola como idea. De... ¿cómo se llamaba?... Oesterheld.
Mochila se lo quedó mirando un instante, con expresión confundida.
- Y.... ¿Qué queres decir con todo esto? --preguntó--. ¿Ahora me vas a salir con que vos tenés una de esas glándulas? ¿Me vas a pedir guita para operarte?
- No. No. No --Mario pegó con la punta de su dedo índice sobre la mesa--. Yo tengo una glándula pero de la pelotudez. Ese es el asunto. Una glándula de la pelotudez. Cuando a mí una mina me gusta mucho, como ésta, Marta... me pongo pelotudo. El mismo hecho de que la mina me guste mucho, me paraliza. Me pone tan nervioso que me pongo hecho un pelotudo, no sé lo que digo, hago boludeces... La glándula segrega algo que me idiotiza. Después pienso en las cosas que he dicho, o en las que debería haberle dicho y me quiero morir. Las minas deben pensar que uno es un retardado total. Y es precisamente porque me gustan demasiado. Es increíble. Con las minas que no me gustan no me pasa nada. Ahí soy un duque, soy Dean Martin. Jodo, soy ocurrente, hasta puedo ser brillante. Al pedo. Porque a quien yo quiero gustar no es a los escrachos.
- Mario... Mario... --Mochila trató de ser comprensivo--. Yo sé que esto pasa... Pero te puede pasar al principio, la primera hora, la primera...
- Década.
- No seas pelotudo. Si vos...
- Si yo me quedo solo con esta mina te juro que no me sale una palabra. La glándula me...
- Anda a la concha de tu madre vos y la glándula...
Se quedaron en silencio. Mochila miraba sin ver hacia la caja registradora, pegaba repetidas veces con la suela del pie derecho sobre el piso, fastidiado.
- ¿Sabes qué le dijeron a Pelé cuando debutó en Suecia? --preguntó de pronto. Mario negó con la cabeza, algo desacomodado.
- "Andate al medio campo y tocala corta." Eso le dijeron --agregó el Mochila. Mario entrecerró un poco los ojos, como buscando la metáfora--. O sea. Hasta que se te pasen los nervios, no tratés de deslumbrar, no tratés de ser brillante, no tratés de meter el pase de gol...
- Pero él era negro, Mochila...
- Es negro.
- ¡Es que ni siquiera pretendo ser brillante! Me bastaría con no ser tan imbécil...
- Tocá corto.
- Una teta le voy a tocar... --musitó Mario--. Además... además, Mochila, comprendeme --se irguió de pronto como para seguir hablando pero calló, prudente. El Pochi había entrado por la puerta de Santa Fe y Sarmiento, pero se quedó enganchado en la mesa de los fotógrafos. Mario retomó el tema--. Yo creo que las cosas se tienen que dar naturalmente. Vos vistes como es este boliche. Vos, por ejemplo, no conocés a alguien. Pero, de pronto, por ahí, mañana, estás sentado en la misma mesa con él. ¿Por qué? Porque te llama un amigo común. Porque viene a tu mesa a charlar con un amigo tuyo. Porque está en un grupo donde vos te acercás a preguntar algo. Es así... Entonces eso es mas natural, menos forzado. Yo me sentiría mucho más cómodo si se diera algo así con esta mina...
- Oíme Mario... Oíme... --Moreyra había pasado como una ráfaga, dejando un cortado sobrante, al tanteo, enfrente de Mochila--. Cuanto...
- Porque... ¿viste como es este boliche? --arremetió Mario--. Yo creo que el secreto de este boliche está en la proximidad de las mesas. Están muy juntas. Ahí radica el éxito de este boliche. Vos estás sentado en esta mesa y casi casi estás escuchando la charla de los de la mesa de atrás. Y se tocan las sillas, incluso --Mario se tiró hacia atrás sobre el respaldo y sonrió, ejemplificando--. Vos estás en una mesa y por ahí girás un poquito y ya te integras a la de al lado...
- Un conventillo.
- Un conventillo. Un día... --Mario se lanzó de golpe con el torso hacia adelante, confidente--. Un día yo estaba sentado en una mesa, y atrás, acá mismo, atrás, estaba la Flaca con unas amigas --bajó la voz--. Si yo me inclinaba para atrás la tocaba, con los hombros, o con la cabeza. La tocaba...
- Mario... --insistió Mochila con los ojos entrecerrados--. ¿Cuanto hace que decís que la venís marcando a esta mina?
- ¿A la flaca? Y... desde que la descubrí... Cuando era novia del barba... No sé. Un año... Un año y medio...
- Cuando era novia del barba... Vos te referís al Tito, al Tito Aramayo.... Bueno, te cuento, eso fue hace más de tres años, porque hace más de tres años que el Tito está en Porto Alegre. Casi cuatro años hace, por lo menos.
- Y... sí...
- Y en esos cuatro años.. --Mochila enarcó las cejas y cerró su mano derecha como si empuñara un cuchillo, señalando a Mario--. Escuchame bien, en esos cuatro años, esa situación que vos decís, que vos estás esperando, no se ha dado nunca. Nunca hubo un amigo sentado en la mesa con ella, ni ningún amigo te la trajo a la mesa con vos, ni se dió vuelta para pedirte fuego, ni estaba en un grupo donde vos podías haberte integrado... Nada...
- Nada... es verdad... Nada.
- ¿Y hasta cuando vas a esperar, Marito? --hirió de nuevo, Mochila--. Vas a ser un viejo choto y vas a venir acá con un bastón, con boina, con una cánula de suero puesta, para ver si alguna vez se da la puta casualidad de que te podés sentar con esa mina...
- Y... --se encogió de hombros, Mario.
- Oíme --Mochila giró la cabeza y pegó una rápida mirada hacia la mesa de la Flaca que, sola, estaba anotando cosas en una agenda--. Mirá, está sola. Al pedo. Voy, me siento con ella, hablo con ella y después te llamo...
Mario se secó la transpiración de la nariz, meneó la cabeza, pareció atacarlo la desesperación y estar a punto de ponerse a llorar.
- No, Mochila... No...
- Yo puedo hacerlo, pelotudo --se enojó el Mochila--. Te digo que soy amigo de ella. Lo he hecho un montón de veces. No va a quedar como algo forzado o...
- No, Mochila... Está llena de machos esa mina...
- ¿Cuando? ¡Ahora está sola, pelotudo!
- Ahora no. Pero... ¿Vos te creés que no la veo? La miro constantemente, te digo. Todos los días con un macho nuevo. Pendejos...
- Mejor para vos, mejor para vos. Si anda todos los días con un macho nuevo es que no anda con ninguno. Aparte, no te engañés, Mario. No te engañés. Yo conocía una mina que estaba buenísima. No podía ni caminar de buena que estaba. Lindísima, además. Y esta mina, me decía --hará un par de meses nomás, está casada ahora, tiene como cuatro hijos-- me decía que cuando ella era joven, había fines de semana que se quedaba en casa como una boluda porque nadie la llamaba para salir. Los tipos la veían tan linda, tan rebuena estaba esa hija de puta, que todos pensaban lo mismo, eso que vos pensás también, que estaba llena de machos. Que la llamaban de todas partes del país para invitarla a salir, que Rainiero de Mónaco le ponía un télex para salir de joda. Entonces, no la llamaban. Y la pobre santa se quedaba como una boluda los sábados a la noche viendo televisión con una tía rechota que tenía...
- Este no es el caso... Este no es el caso... --negó Mario. Mochila volvió a darse vuelta, mirando sin discreción alguna hacia la mesa de la Flaca.
- Está sola, boludo. Está haciendo tiempo. Aprovechá ahora --volvió a su postura anterior restregándose la cara con una mano, casi con desesperación--. Decí que yo no puedo...Pero...
- Además... Además... --buscó las palabras Mario--. No se puede. Yo no puedo ir y encararla así a esta mina, en frío... Hay convenciones. Hay convenciones que se juegan entre un hombre y una mujer y que hay que respetar.
Mochila lo miraba con una expresión cada vez mas atormentada.
- Sí, claro --dijo Mario--. Vos sabés, y ella sabe, y vos sabés que ella sabe que vos sabés, que si vas y la invitás a una mina a tomar un café, en realidad lo que le estás proponiendo es ir a cojer.
- No es tan así.
- Esa es la verdad. Esa es la realidad de las cosas. La verdad de la milanesa. Pero vos no podés ir, acercarte a la mesa y decirle "¿Vamos a cojer?". Porque aunque encierre el mismo significado, no es lo mismo. Para una mina no es lo mismo y tiene todo el derecho del mundo de mandarte a la reputísima madre que te parió, Mochila, es la verdad. Puede decirte "¿Usted por quién me ha tomado?" y hacerse la ofendida y tiene toda la razón. Hay que guardar ciertas normas de urbanidad. Vos dirás que es un hipocresía y todo eso, pero...
- Yo no digo que sea una hipocresía --expiró Mochila, agotado.
- ... vos tenés que dejarle una puerta abierta a la mina. No podes encerrarla, no podes dejarla sin opciones. Fijate vos, cuando yo anduve con la Zulema... --se entusiasmó Mario--. Hay minas con las que vos tenés ya todo conversado, todo claro, y no hay más que hablar. Cuando le decís de salir, te tomás un tacho y te vas al mueble derecho viejo, porque sabés que la mina no se va a descolgar con "¿Pero... adonde vamos? ¿Adonde me llevas?".
- "¿Qué son esas luces rojas?"
- "¿Qué son esas luces rojas?" ¡Nada de eso! Pero, por ejemplo, con Zulema, yo me las rebusqué para que me prestaran un departamento. Entonces fuimos a cenar, hablamos un rato y despues yo le pude decir "¿Querés venir a mi departamento a tomar algo?", con lo que le estás dando a la mina la opción de ir al departamento y después, si no le gusta la mano, negarse. No sé... decir... "Se me hizo tarde" o... "Vos me interpretastes mal"...
- Oíme... Vos sos una antigualla... Si la mina acepta ir a tu departamento es porque le gusta la mano y ya sabe como viene la cosa... No son tan boludas, Mario... ¿O te crees que somos nosotros los que atracamos?
- De acuerdo, de acuerdo --se apuró Mario--. Pero vos le estás dando la opción con el departamento. Si vos le tenés que decir "¿Vamos a un mueble?" ¿Qué opción tiene la mina? Vos le estás diciendo "vamos a cojer", lisa y llanamente. No le das salida.
- Si vos le decís "Vamos al departamento" también le estás diciendo "Vamos a cojer", querido. ¿O con quién estás saliendo? ¿Con Heidi?
- Ya sé... Ya sé... --Mario se mordió los labios, transpirando--. Pero no es lo mismo. Es una cuestión de elegancia. Si vos invitás a una mina a un hotel, estás dando por sentado que vos no tenías ninguna duda de que a esa mina te la ibas a pirobar, que era fácil, que era una fija. Es una cuestión de... dignidad, digamos...
Mochila meneaba la cabeza, negando.
- Sos una antigualla --suspiró--. Un relicario...
- Es difícil de explicar --insistió Mario--. Es como si vos vas a un bodegón y el mozo ve que vos tenés tal pinta de pordiosero que viene y, sin preguntarte nada, te pone en la mesa un pingüino de vino tinto de la casa. ¿Qué te queda por hacer en ese momento? Levantarte e irte, querido. Ese mozo te está ofendiendo. Porque aunque vos seas un pordiosero y se vea a la legua que no te podes bancar ni por puta un vino más o menos pasable, el tipo tiene la obligación moral de alcanzarte la lista de vinos y preguntarte "¿El señor tiene alguna preferencia? ¿Desea algún vino gran reserva?". Entonces ahí sí, vos podés devolverle la lista y decirle, tranquilo "No, muchas gracias. Tráigame un pingüino con tinto de la casa" porque la verdad es que no tenés ni un mango partido por la mitad para elegir otra cosa... ¡Porque es un problema de dignidad, mi viejo! ¡Te tienen que dar la oportunidad de elegir, ese es el asunto! Pueblos enteros han ido a la guerra por eso...
- ¿Porque vino el mozo y les sirvió un pingüino de...?
- No. Por dignidad.
- Oíme, Mario... --Mochila pareció animarse de repente--. Yo me levanto y voy a la mesa de la mina y le hablo.
La expresión de Mario fue de pánico. Advertía un atisbo de determinación inquebrantable en la voz del Mochila.
- No, Mochi, no jodas --se enojó.
- Voy, boludo. ¿No puedo ir, acaso? Todos los días hablo con ella...
- Vos tomás medio pingüino de tinto de la casa y te ponés a hacer boludeces, Mochila... Dejame de joder... No me gusta tanto despues de todo...
Mochila se puso de pie. Mario se tapó la cara con la mano. Luego la destapó y habló mirando hacia otro lado. Transpiraba.
- Dejáme de joder, Mochila. Sentate --rogó--. Yo no voy. Si vos me llamas yo no voy. Me voy a la mierda. Me voy al baño. Te juro que no voy...
- Oíme, boludo --se agachó un tanto, Mochila--. Hoy puede ser un dia histórico para vos. A veces las minas que menos bola parece que te dan son las que más te vienen marcando, al final de cuentas. No seas ingenuo. Las minas son muy histéricas, y ésta es de las más histéricas que conozco...
- Te juro que no voy, Mochila... Sentate, no seas boludo... No me hagas pasar un mal rato...
- Por lo menos te sacas la duda de encima, pelotudo. Si te da pelota, perfecto. Si no te da pelota, bueno, al menos te sacastes ese quilombo de la cabeza y ya no te andas preocupando si anda con un macho, o con cuatro, o con cinco mil...
- Dejáme vivir con la ilusión, Mochila... De veras... Sentate...
Mochila giró sobre sus talones y enfiló hacia la mesa de la Flaca. Mario, automáticamente, pivoteó sobre su silla primero hacia la calle Santa Fe y luego en sentido contrario, hacia el mostrador, como si estuviese sobre un sillón giratorio, fingiendo mirar hacia el teléfono público, los baños y las botellas expuestas sobre los estantes de vidrio. Se pasaba repetidamente las yemas de los dedos sobre las cejas.
Mochila se dejó caer, despreocupado, sobre la silla vacía enfrente de la Flaca y, al punto, ésta, sonriendo, cerró la agenda y comenzaron a charlar. No dejo pasar mucho tiempo, Mochila, y tras algunas preguntas livianas de rigor, encaró el tema con la practicidad de un ejecutivo joven.
- Che, Flaca... --casi anunció--. No mires ahora... ¿Vos lo conocés al muchacho que está sentado conmigo, el de lentes?
Ella dió una pitada larga a su cigarrillo, lanzó algo de humo por la nariz y dijo: "Sí, de acá. Del boliche".
- Bueno. Está muerto por vos.
Marta miró al Mochila con expresión entre dura e inquisidora.
- ¿Ese pajero? --preguntó luego, casi airada. Mochila asimiló, apenas, el golpe.
- ¿Por qué, "pajero"?
- Hace como mil años que se la pasa mirándome y jamás se ha atrevido a decirme nada.
- Lo que pasa es que... ehh... Es muy tímido...
- ¡Por favor! --la Flaca sacudió la cabeza revoleando un mechón de pelo-- ¡Es un pajero!
- No, Flaca --Mochila estaba casi acostado sobre la mesa, apoyando el brazo izquierdo desde la axila hasta el codo, buscando buenas razones con cautela de minero--. Es muy tímido... Te digo que es muy buen tipo... es un tipo interesante...
Marta extendió su mano derecha y la apoyó en el antebrazo de Mochila. Suavizó su tono y su mirada.
- Mirá, Mochila, te agradezco. Pero estoy cansada de la histeria de los tipos. Ya somos grandecitos. Ya no soy una pendeja...
- Pero lo parecés...
Marta estiró una sonrisa forzada.
- Te agradezco --repitió.
Mochila se quedó mirando un rato hacia la esquina de Sarmiento y Santa Fe. Como no encontró nuevos argumentos para su propuesta, se levantó cansinamente, saludó a la Flaca y se fue. Desandó cuatro pasos y volvió a su silla de la mesa compartida con Mario. Este, demudado, había pedido una medialuna de "La Nuria" y otro café, como para hacer algo.
- Ehhhh... --vaciló Mochila, mirando perdidamente hacia el baño.
- ¿Qué...? ¿Qué pasó? --tragó saliva Mario, intuyendo, quizá, lo peor.
- Dice que está esperando al novio...
Mario mordió un nuevo pedazo de medialuna. Meneó la cabeza.
- Te dije... --dijo.
- Qué cagada --musitó Mochila.
- ¿Viste? --Mario parecía aliviado.
- Pero, al menos, lo intentamos...
- Te dije... --Mario se acomodó los lentes, mirando hacia la calle, mientras apuraba el último bocado, limpiándose los dedos con una servilleta.
- Qué va a ser...
- ¿Será posible, este boludo del Sobo? --se quejó Mario--. Justo hoy que lo necesito y no aparece...
Roberto Fontanarrosa
- ¿Cuál?
-- La que saludastes recién.
Mochila giró apenas la cabeza hacia atrás.
- ¿La flaca?
- Sí.
- Sí, la conozco. Es amiga de mi jermu.
- Me emputece esa mina --dijo Mario en voz baja.
- ¿Mi jermu?
- No, boludo. La Flaca, la que saludastes.
- Ah... ¡Mirá qué boludo que sos vos! A todo el mundo lo enloquece la Flaca. ¡Qué te parece!
- ¿Qué? --se alarmó Mario--. ¿Vos también estás jugado en ese palo? ¿Te anotás ahí también?
- No. Yo no. ¿No te digo que es amiga de mi jermu? Estudiaban juntas en la Cultural. Tendría que ser muy loco para tirarme en esa. Pero... te digo...
- Que ganas no te faltan.
- Ganas no me faltan....
Se quedaron en silencio. Mochila controlando las otras mesas, viendo quién había. Mario tocándose cuidadosamente los dientes de adelante con la uña del dedo pulgar de la mano derecha.
- Me tiene loco esa mina --repitió, como para sí mismo. Como si el tema fuese demasiado íntimo como para compartirlo y debatirlo en una mesa de cafe. Y asustado, quizá, por haber ido tan lejos.
- Está buena la Flaca --dijo Mochila, que la tenía sentada a sus espaldas--. Y es una mina piola te cuento... Piola, inteligente. Anda suelta, además...
- Medio histérica debe ser...
- Sí. Eso sí... Lógico... --Mochila seguía sin meterse demasiado en la conversación, en tanto pasaba lista a los presentes-- ¡Bah! --se animó de pronto, ya terminado el control--. Como todas.
- Esa jeta que tiene... --medio por sobre el hombro de Mochila, Mario la espiaba--. Los ojos...
- Y encarala, boludo... ¿qué esperas? --lo animó Mochila, cruzándose de piernas, acomodándose en la silla para quedar de espaldas a la calle Santa Fe, mirando al mostrador. Mario hizo un gesto vago con la cabeza, negativo.
- Está sola, boludo --apretó Mochila--. Andá... Si te quedas esperando, por ahí aparece algun vago, o alguna amiga, y se sienta con ella y cagaste.
Mario se encogió de hombros, mirando ahora hacia afuera, como desentendiéndose del problema.
- ¿No lo viste al Sobo? -preguntó, cambiando de tema. Mochila negó con la cabeza--. Este boludo... --musitó Mario--. Le tengo que pedir un certificado y justo hoy no aparece.
- Oíme --Mochila se incorporó, clavándole la vista--. Andá y sentate con ella, no seas otario... No te va a patear...
- No la conozco --frunció la nariz, Mario.
- ¿Y eso qué tiene que ver? ¿Cómo que no la conocés? Te conoce de acá, pelotudo. Si acá nos junamos todos. No le sabrás el nombre pero la...
- ¿Cómo se llama?
Mochila frunció el ceño.
- Ehhh... --pensó--. Marina, Marta, María... No sé, no sé... Siempre la conocí por la Flaca.
- Marta, Marta se llama --dijo Mario, que ya se había informado.
- Escuchame Mario... --Mochila se inclinó sobre la mesa para darle privacidad a la propuesta--. Te la presento... Voy, me siento en la mesa de ella y te la presento...
Mario se tiró hacia atrás y agitó las manos y la cabeza, casi escandalizado.
- ¡No! No, dejá. Ya está. Ya pasó. Ya fué.
- No me cuesta nada, boludo.
- Dejá, Mochila, dejá. Está bien.
Mochila se encogió de hombros.
- Jodete --dijo. Y buscó a Moreyra con la vista--. ¡Negro! --gritó--. ¿Estás vos acá?
- Además... --Mario, pese a todo, no quería desprenderse totalmente del tema y sabía que el lapso de privacidad con el Mochila podía ser corto--. No da bola, Mochi. No da bola.
Mochila casi se enojó.
- ¿Y cómo sabes que no da bola si nunca la encaraste?
- Porque uno se da cuenta, Mochila. ¿Sabés cuanto hace que la vengo mirando a esa mina? ¿Sabés cuanto hace? Dos años. Debe hacer como dos años...
- ¿Y?
- ¡Nada! Nada de nada. Una mina si te quiere dar bola se manda alguna señal, eso es sabido. Te mira una vez, aunque sea. Te mantiene un poco la mirada. O te sonríe. Te tira un cable.
- No te engañes, no te engañes... Mirá que...
- Sí... "La vida te da sorpresas".
- La vida te da sorpresas...
- Sí, pero acá es muy claro --se desalentó Mario--. ¿Viste que hay... cómo decirte... hay un lapso de duración en una mirada, en un cruce de miradas? Y después hay un plus, que es un milésimo... un milésimo de segundo... un ápice... un cícero... una infinitésima milésima de segundo en que se prolonga esa mirada más de lo normal... Es cuando una mina te mira y vos tenes un sensómetro, un sismógrafo, que registra que esa mirada ha durado esa milésima de segundo mas allá de lo necesario, y es lo que te está diciendo a las claras que esa no es una mirada común, que esa mirada está pidiendo otro cruce de comprobación, que te está diciendo algo... --Mochila afirmaba con la cabeza, algo fastidiado--. Bueno... --no se amilanó Mario--. Esa fracción supletoria de mirada debería tener un nombre. Porque es una medida patron... Es un exceso de intensidad... Debería haber algo como el "miradómetro"... Una unidad de vision, de calentura...
- Bueno, bueno... Cortala... Dejá de hablar pelotudeces... --rogó Mochila--. ¿Y qué pasa? ¿Con esta mina no se dió nunca?
- En la puta vida de Dios.
- Ni te miró...
- Ni me miró ni... --Mario había sacado un encendedor y golpeteaba con él sobre el nerolite buscando la descripción mas gráfica--. O me mira y no me ve. Esa es la cosa. Por ahí me mira, pero lo que hace es solamente dirigir su vista hacia mí. Pero la sensación que yo tengo es como que yo fuera transparente. Que mira a traves mío. Que mira lo que está detrás mío. Digamos, que la profundidad de campo de la cámara de ella está situada seis metros detrás mío... Esa es la sensación que tengo...
Mochila se rascó la cabeza.
- ¡Mirá que sos antiguo! --dijo.
- ¿Por qué? --se ofuscó Mario.
- Andar fijándote en eso de las miradas y esas cosas... Eso es del tiempo en que los pedos se tiraban con gomera.
- ¿Y qué querés que haga? ¿Que vaya y le toque el culo?
- No, boludo. No te digo eso...
- ¿Cómo carajo hacés vos?
- ¿Cómo hago? ¿Cómo hago yo? ¡Voy y me siento con ella! Eso hago. Mirá que difícil. Y le empiezo a hablar de cualquier cosa... No podés entrar en la histeria de las minas, querido... Que te miro, que no te miro, que la profundidad de campo y todas esas pelotudeces...
- Es que... --Mario apoyó el mentón sobre sus manos cruzadas y vaciló. Por momentos lo asaltaba la idea de que no era un tema para hacer publico--. ¿Sabes qué pasa?... ¿Vos te acordás de "El Eternauta"?
- Sí, me acuerdo... Lo que no me acuerdo es quién trabajaba...
- ¿Cómo?
- ¿Quién trabajaba?
- No, boludo. No era una película. Era una historieta.
- Ah, sí... "El Eternauta". Algo me acuerdo...
- Esa que caía una nevada en Buenos Aires, una nevada radioactiva y morían todos...
- Algo. Algo me acuerdo --mintió el Mochila.
- Bueno, en "El Eternauta", aparecían unos tipos de otro planeta, que se llamaban los "Manos", que tenían...
- Mejicanos. "Manito", se decían...
- No, gil. No seas hijo de puta.
- Ah, no. Esa era "Cisco Kid".
- No te acordás de un sorete. Los Manos, que tenían una mano derecha llena de dedos...
- Como cualquiera --Mochila mostró su mano.
- No, muchos mas. Como hasta acá --Mario tiró una línea imaginaria desde la punta de sus propios dedos hasta el codo--. Bueno, esos tipos dirigián a varias especies de bichos extraterrestres que invadían la Tierra. Pero ellos, a su vez, estaban controlados por otra especie superior. Entonces. estos "Manos", que eran igual que nosotros salvo por esos dedos, tenían insertada en el cuerpo una glándula, una glándula que le llamaban "Glándula del Terror" y que les habían insertado esos cosos que los dirigían a ellos. Y... ¿para qué les habían insertado esa glándula? Porque los Manos, igual que los humanos, al sentir temor segregaban una especie de adrenalina y ésta, a su vez, activaba la glándula. Y entonces la glándula dejaba escapar un veneno y el veneno los mataba en minutos, nomás. ¿Me entendés? Si ellos se intentaban rebelar contra la especie superior, sentían miedo y, ahí nomás, cagaban la fruta. Linda idea, ¿no? Porque, además, había otra cosa, fijate. Algunos de ellos habían intentado operarse para sacarse de allí esa glándula pero, al operarse, sentían miedo, y de nuevo la misma cosa, activaban la glándula, ésta largaba el veneno, etc., etc., etc... Era ingenioso, ¿no? Piola como idea. De... ¿cómo se llamaba?... Oesterheld.
Mochila se lo quedó mirando un instante, con expresión confundida.
- Y.... ¿Qué queres decir con todo esto? --preguntó--. ¿Ahora me vas a salir con que vos tenés una de esas glándulas? ¿Me vas a pedir guita para operarte?
- No. No. No --Mario pegó con la punta de su dedo índice sobre la mesa--. Yo tengo una glándula pero de la pelotudez. Ese es el asunto. Una glándula de la pelotudez. Cuando a mí una mina me gusta mucho, como ésta, Marta... me pongo pelotudo. El mismo hecho de que la mina me guste mucho, me paraliza. Me pone tan nervioso que me pongo hecho un pelotudo, no sé lo que digo, hago boludeces... La glándula segrega algo que me idiotiza. Después pienso en las cosas que he dicho, o en las que debería haberle dicho y me quiero morir. Las minas deben pensar que uno es un retardado total. Y es precisamente porque me gustan demasiado. Es increíble. Con las minas que no me gustan no me pasa nada. Ahí soy un duque, soy Dean Martin. Jodo, soy ocurrente, hasta puedo ser brillante. Al pedo. Porque a quien yo quiero gustar no es a los escrachos.
- Mario... Mario... --Mochila trató de ser comprensivo--. Yo sé que esto pasa... Pero te puede pasar al principio, la primera hora, la primera...
- Década.
- No seas pelotudo. Si vos...
- Si yo me quedo solo con esta mina te juro que no me sale una palabra. La glándula me...
- Anda a la concha de tu madre vos y la glándula...
Se quedaron en silencio. Mochila miraba sin ver hacia la caja registradora, pegaba repetidas veces con la suela del pie derecho sobre el piso, fastidiado.
- ¿Sabes qué le dijeron a Pelé cuando debutó en Suecia? --preguntó de pronto. Mario negó con la cabeza, algo desacomodado.
- "Andate al medio campo y tocala corta." Eso le dijeron --agregó el Mochila. Mario entrecerró un poco los ojos, como buscando la metáfora--. O sea. Hasta que se te pasen los nervios, no tratés de deslumbrar, no tratés de ser brillante, no tratés de meter el pase de gol...
- Pero él era negro, Mochila...
- Es negro.
- ¡Es que ni siquiera pretendo ser brillante! Me bastaría con no ser tan imbécil...
- Tocá corto.
- Una teta le voy a tocar... --musitó Mario--. Además... además, Mochila, comprendeme --se irguió de pronto como para seguir hablando pero calló, prudente. El Pochi había entrado por la puerta de Santa Fe y Sarmiento, pero se quedó enganchado en la mesa de los fotógrafos. Mario retomó el tema--. Yo creo que las cosas se tienen que dar naturalmente. Vos vistes como es este boliche. Vos, por ejemplo, no conocés a alguien. Pero, de pronto, por ahí, mañana, estás sentado en la misma mesa con él. ¿Por qué? Porque te llama un amigo común. Porque viene a tu mesa a charlar con un amigo tuyo. Porque está en un grupo donde vos te acercás a preguntar algo. Es así... Entonces eso es mas natural, menos forzado. Yo me sentiría mucho más cómodo si se diera algo así con esta mina...
- Oíme Mario... Oíme... --Moreyra había pasado como una ráfaga, dejando un cortado sobrante, al tanteo, enfrente de Mochila--. Cuanto...
- Porque... ¿viste como es este boliche? --arremetió Mario--. Yo creo que el secreto de este boliche está en la proximidad de las mesas. Están muy juntas. Ahí radica el éxito de este boliche. Vos estás sentado en esta mesa y casi casi estás escuchando la charla de los de la mesa de atrás. Y se tocan las sillas, incluso --Mario se tiró hacia atrás sobre el respaldo y sonrió, ejemplificando--. Vos estás en una mesa y por ahí girás un poquito y ya te integras a la de al lado...
- Un conventillo.
- Un conventillo. Un día... --Mario se lanzó de golpe con el torso hacia adelante, confidente--. Un día yo estaba sentado en una mesa, y atrás, acá mismo, atrás, estaba la Flaca con unas amigas --bajó la voz--. Si yo me inclinaba para atrás la tocaba, con los hombros, o con la cabeza. La tocaba...
- Mario... --insistió Mochila con los ojos entrecerrados--. ¿Cuanto hace que decís que la venís marcando a esta mina?
- ¿A la flaca? Y... desde que la descubrí... Cuando era novia del barba... No sé. Un año... Un año y medio...
- Cuando era novia del barba... Vos te referís al Tito, al Tito Aramayo.... Bueno, te cuento, eso fue hace más de tres años, porque hace más de tres años que el Tito está en Porto Alegre. Casi cuatro años hace, por lo menos.
- Y... sí...
- Y en esos cuatro años.. --Mochila enarcó las cejas y cerró su mano derecha como si empuñara un cuchillo, señalando a Mario--. Escuchame bien, en esos cuatro años, esa situación que vos decís, que vos estás esperando, no se ha dado nunca. Nunca hubo un amigo sentado en la mesa con ella, ni ningún amigo te la trajo a la mesa con vos, ni se dió vuelta para pedirte fuego, ni estaba en un grupo donde vos podías haberte integrado... Nada...
- Nada... es verdad... Nada.
- ¿Y hasta cuando vas a esperar, Marito? --hirió de nuevo, Mochila--. Vas a ser un viejo choto y vas a venir acá con un bastón, con boina, con una cánula de suero puesta, para ver si alguna vez se da la puta casualidad de que te podés sentar con esa mina...
- Y... --se encogió de hombros, Mario.
- Oíme --Mochila giró la cabeza y pegó una rápida mirada hacia la mesa de la Flaca que, sola, estaba anotando cosas en una agenda--. Mirá, está sola. Al pedo. Voy, me siento con ella, hablo con ella y después te llamo...
Mario se secó la transpiración de la nariz, meneó la cabeza, pareció atacarlo la desesperación y estar a punto de ponerse a llorar.
- No, Mochila... No...
- Yo puedo hacerlo, pelotudo --se enojó el Mochila--. Te digo que soy amigo de ella. Lo he hecho un montón de veces. No va a quedar como algo forzado o...
- No, Mochila... Está llena de machos esa mina...
- ¿Cuando? ¡Ahora está sola, pelotudo!
- Ahora no. Pero... ¿Vos te creés que no la veo? La miro constantemente, te digo. Todos los días con un macho nuevo. Pendejos...
- Mejor para vos, mejor para vos. Si anda todos los días con un macho nuevo es que no anda con ninguno. Aparte, no te engañés, Mario. No te engañés. Yo conocía una mina que estaba buenísima. No podía ni caminar de buena que estaba. Lindísima, además. Y esta mina, me decía --hará un par de meses nomás, está casada ahora, tiene como cuatro hijos-- me decía que cuando ella era joven, había fines de semana que se quedaba en casa como una boluda porque nadie la llamaba para salir. Los tipos la veían tan linda, tan rebuena estaba esa hija de puta, que todos pensaban lo mismo, eso que vos pensás también, que estaba llena de machos. Que la llamaban de todas partes del país para invitarla a salir, que Rainiero de Mónaco le ponía un télex para salir de joda. Entonces, no la llamaban. Y la pobre santa se quedaba como una boluda los sábados a la noche viendo televisión con una tía rechota que tenía...
- Este no es el caso... Este no es el caso... --negó Mario. Mochila volvió a darse vuelta, mirando sin discreción alguna hacia la mesa de la Flaca.
- Está sola, boludo. Está haciendo tiempo. Aprovechá ahora --volvió a su postura anterior restregándose la cara con una mano, casi con desesperación--. Decí que yo no puedo...Pero...
- Además... Además... --buscó las palabras Mario--. No se puede. Yo no puedo ir y encararla así a esta mina, en frío... Hay convenciones. Hay convenciones que se juegan entre un hombre y una mujer y que hay que respetar.
Mochila lo miraba con una expresión cada vez mas atormentada.
- Sí, claro --dijo Mario--. Vos sabés, y ella sabe, y vos sabés que ella sabe que vos sabés, que si vas y la invitás a una mina a tomar un café, en realidad lo que le estás proponiendo es ir a cojer.
- No es tan así.
- Esa es la verdad. Esa es la realidad de las cosas. La verdad de la milanesa. Pero vos no podés ir, acercarte a la mesa y decirle "¿Vamos a cojer?". Porque aunque encierre el mismo significado, no es lo mismo. Para una mina no es lo mismo y tiene todo el derecho del mundo de mandarte a la reputísima madre que te parió, Mochila, es la verdad. Puede decirte "¿Usted por quién me ha tomado?" y hacerse la ofendida y tiene toda la razón. Hay que guardar ciertas normas de urbanidad. Vos dirás que es un hipocresía y todo eso, pero...
- Yo no digo que sea una hipocresía --expiró Mochila, agotado.
- ... vos tenés que dejarle una puerta abierta a la mina. No podes encerrarla, no podes dejarla sin opciones. Fijate vos, cuando yo anduve con la Zulema... --se entusiasmó Mario--. Hay minas con las que vos tenés ya todo conversado, todo claro, y no hay más que hablar. Cuando le decís de salir, te tomás un tacho y te vas al mueble derecho viejo, porque sabés que la mina no se va a descolgar con "¿Pero... adonde vamos? ¿Adonde me llevas?".
- "¿Qué son esas luces rojas?"
- "¿Qué son esas luces rojas?" ¡Nada de eso! Pero, por ejemplo, con Zulema, yo me las rebusqué para que me prestaran un departamento. Entonces fuimos a cenar, hablamos un rato y despues yo le pude decir "¿Querés venir a mi departamento a tomar algo?", con lo que le estás dando a la mina la opción de ir al departamento y después, si no le gusta la mano, negarse. No sé... decir... "Se me hizo tarde" o... "Vos me interpretastes mal"...
- Oíme... Vos sos una antigualla... Si la mina acepta ir a tu departamento es porque le gusta la mano y ya sabe como viene la cosa... No son tan boludas, Mario... ¿O te crees que somos nosotros los que atracamos?
- De acuerdo, de acuerdo --se apuró Mario--. Pero vos le estás dando la opción con el departamento. Si vos le tenés que decir "¿Vamos a un mueble?" ¿Qué opción tiene la mina? Vos le estás diciendo "vamos a cojer", lisa y llanamente. No le das salida.
- Si vos le decís "Vamos al departamento" también le estás diciendo "Vamos a cojer", querido. ¿O con quién estás saliendo? ¿Con Heidi?
- Ya sé... Ya sé... --Mario se mordió los labios, transpirando--. Pero no es lo mismo. Es una cuestión de elegancia. Si vos invitás a una mina a un hotel, estás dando por sentado que vos no tenías ninguna duda de que a esa mina te la ibas a pirobar, que era fácil, que era una fija. Es una cuestión de... dignidad, digamos...
Mochila meneaba la cabeza, negando.
- Sos una antigualla --suspiró--. Un relicario...
- Es difícil de explicar --insistió Mario--. Es como si vos vas a un bodegón y el mozo ve que vos tenés tal pinta de pordiosero que viene y, sin preguntarte nada, te pone en la mesa un pingüino de vino tinto de la casa. ¿Qué te queda por hacer en ese momento? Levantarte e irte, querido. Ese mozo te está ofendiendo. Porque aunque vos seas un pordiosero y se vea a la legua que no te podes bancar ni por puta un vino más o menos pasable, el tipo tiene la obligación moral de alcanzarte la lista de vinos y preguntarte "¿El señor tiene alguna preferencia? ¿Desea algún vino gran reserva?". Entonces ahí sí, vos podés devolverle la lista y decirle, tranquilo "No, muchas gracias. Tráigame un pingüino con tinto de la casa" porque la verdad es que no tenés ni un mango partido por la mitad para elegir otra cosa... ¡Porque es un problema de dignidad, mi viejo! ¡Te tienen que dar la oportunidad de elegir, ese es el asunto! Pueblos enteros han ido a la guerra por eso...
- ¿Porque vino el mozo y les sirvió un pingüino de...?
- No. Por dignidad.
- Oíme, Mario... --Mochila pareció animarse de repente--. Yo me levanto y voy a la mesa de la mina y le hablo.
La expresión de Mario fue de pánico. Advertía un atisbo de determinación inquebrantable en la voz del Mochila.
- No, Mochi, no jodas --se enojó.
- Voy, boludo. ¿No puedo ir, acaso? Todos los días hablo con ella...
- Vos tomás medio pingüino de tinto de la casa y te ponés a hacer boludeces, Mochila... Dejame de joder... No me gusta tanto despues de todo...
Mochila se puso de pie. Mario se tapó la cara con la mano. Luego la destapó y habló mirando hacia otro lado. Transpiraba.
- Dejáme de joder, Mochila. Sentate --rogó--. Yo no voy. Si vos me llamas yo no voy. Me voy a la mierda. Me voy al baño. Te juro que no voy...
- Oíme, boludo --se agachó un tanto, Mochila--. Hoy puede ser un dia histórico para vos. A veces las minas que menos bola parece que te dan son las que más te vienen marcando, al final de cuentas. No seas ingenuo. Las minas son muy histéricas, y ésta es de las más histéricas que conozco...
- Te juro que no voy, Mochila... Sentate, no seas boludo... No me hagas pasar un mal rato...
- Por lo menos te sacas la duda de encima, pelotudo. Si te da pelota, perfecto. Si no te da pelota, bueno, al menos te sacastes ese quilombo de la cabeza y ya no te andas preocupando si anda con un macho, o con cuatro, o con cinco mil...
- Dejáme vivir con la ilusión, Mochila... De veras... Sentate...
Mochila giró sobre sus talones y enfiló hacia la mesa de la Flaca. Mario, automáticamente, pivoteó sobre su silla primero hacia la calle Santa Fe y luego en sentido contrario, hacia el mostrador, como si estuviese sobre un sillón giratorio, fingiendo mirar hacia el teléfono público, los baños y las botellas expuestas sobre los estantes de vidrio. Se pasaba repetidamente las yemas de los dedos sobre las cejas.
Mochila se dejó caer, despreocupado, sobre la silla vacía enfrente de la Flaca y, al punto, ésta, sonriendo, cerró la agenda y comenzaron a charlar. No dejo pasar mucho tiempo, Mochila, y tras algunas preguntas livianas de rigor, encaró el tema con la practicidad de un ejecutivo joven.
- Che, Flaca... --casi anunció--. No mires ahora... ¿Vos lo conocés al muchacho que está sentado conmigo, el de lentes?
Ella dió una pitada larga a su cigarrillo, lanzó algo de humo por la nariz y dijo: "Sí, de acá. Del boliche".
- Bueno. Está muerto por vos.
Marta miró al Mochila con expresión entre dura e inquisidora.
- ¿Ese pajero? --preguntó luego, casi airada. Mochila asimiló, apenas, el golpe.
- ¿Por qué, "pajero"?
- Hace como mil años que se la pasa mirándome y jamás se ha atrevido a decirme nada.
- Lo que pasa es que... ehh... Es muy tímido...
- ¡Por favor! --la Flaca sacudió la cabeza revoleando un mechón de pelo-- ¡Es un pajero!
- No, Flaca --Mochila estaba casi acostado sobre la mesa, apoyando el brazo izquierdo desde la axila hasta el codo, buscando buenas razones con cautela de minero--. Es muy tímido... Te digo que es muy buen tipo... es un tipo interesante...
Marta extendió su mano derecha y la apoyó en el antebrazo de Mochila. Suavizó su tono y su mirada.
- Mirá, Mochila, te agradezco. Pero estoy cansada de la histeria de los tipos. Ya somos grandecitos. Ya no soy una pendeja...
- Pero lo parecés...
Marta estiró una sonrisa forzada.
- Te agradezco --repitió.
Mochila se quedó mirando un rato hacia la esquina de Sarmiento y Santa Fe. Como no encontró nuevos argumentos para su propuesta, se levantó cansinamente, saludó a la Flaca y se fue. Desandó cuatro pasos y volvió a su silla de la mesa compartida con Mario. Este, demudado, había pedido una medialuna de "La Nuria" y otro café, como para hacer algo.
- Ehhhh... --vaciló Mochila, mirando perdidamente hacia el baño.
- ¿Qué...? ¿Qué pasó? --tragó saliva Mario, intuyendo, quizá, lo peor.
- Dice que está esperando al novio...
Mario mordió un nuevo pedazo de medialuna. Meneó la cabeza.
- Te dije... --dijo.
- Qué cagada --musitó Mochila.
- ¿Viste? --Mario parecía aliviado.
- Pero, al menos, lo intentamos...
- Te dije... --Mario se acomodó los lentes, mirando hacia la calle, mientras apuraba el último bocado, limpiándose los dedos con una servilleta.
- Qué va a ser...
- ¿Será posible, este boludo del Sobo? --se quejó Mario--. Justo hoy que lo necesito y no aparece...
Roberto Fontanarrosa
lunes, 8 de septiembre de 2008
Y un día... terminé perdido...
Y si, yo sabía que iba a llegar este momento. No era resistencia ni nada, pero por una cosa u otra, nunca podía darse...
Después de entregar un parcial domiciliario que se robó unas cuantas horas de mi vida, decidí que era el momento ideal para dedicar otras tantas a "perderme" un poco...
Y finalmente, nos sentamos una noche con una buena cantidad de DVD's en la mano para empezar a desasnarme y disfrutar de la 1° Temporada de Lost.
No tenía mucha idea de qué se trataba, sólo lo básico. Siempre la esquivé, no por rebeldía, sino porque sabía que era lo mejor. Tenía la sensación de que era buena, no podía ser que tanta gente se haya enganchado porque si, incluso gente que no suele hacerlo; pero igual me sorprendió! Y de manera positiva...
Entre el miércoles y el finde fresquito (que ayudaba a devedear), nos devoramos los primeros 20 capítulos, y vamos por mas! Seguramente las obligaciones, van a exigir reducir el ritmo de la maratón, pero mejor... así la intriga se acrecienta...
Después de entregar un parcial domiciliario que se robó unas cuantas horas de mi vida, decidí que era el momento ideal para dedicar otras tantas a "perderme" un poco...
Y finalmente, nos sentamos una noche con una buena cantidad de DVD's en la mano para empezar a desasnarme y disfrutar de la 1° Temporada de Lost.
No tenía mucha idea de qué se trataba, sólo lo básico. Siempre la esquivé, no por rebeldía, sino porque sabía que era lo mejor. Tenía la sensación de que era buena, no podía ser que tanta gente se haya enganchado porque si, incluso gente que no suele hacerlo; pero igual me sorprendió! Y de manera positiva...
Entre el miércoles y el finde fresquito (que ayudaba a devedear), nos devoramos los primeros 20 capítulos, y vamos por mas! Seguramente las obligaciones, van a exigir reducir el ritmo de la maratón, pero mejor... así la intriga se acrecienta...
miércoles, 20 de agosto de 2008
Síndrome de los veintitantos...
Le llaman la "Crisis del Cuarto de Vida". Del darse cuenta.
Es la etapa en la que uno empieza a darse cuenta que su círculo de amigos se vuelve mas reducido que hace unos años.
Te das cuenta que cada vez es más difícil ver a tus amigos y coordinar horarios por diferentes cuestiones: trabajo, estudios, pareja, etc...
Y cada vez disfrutas más de esos mates y esa cervecita que sirve como excusa para charlar un rato y "ponerse al día".
Las multitudes ya no son tan divertidas; y es más, hasta a veces empiezan a incomodarte. Y extrañás la comodidad de la escuela, de los grupos de antes, de socializar con la misma gente en forma constante.
Pero te empezás a dar cuenta que mientras algunos eran verdaderos amigos otros no eran tan especiales después de todo.
Te empezás a dar cuenta que algunas personas son egoístas y que, a lo mejor, esos amigos que creías cercanos no son exactamente las mejores personas que has conocido. Y que otros, con los que perdiste contacto y extrañás, resultaron ser amigos de los más importantes para vos.
Te reís con más ganas, pero lloras con menos lágrimas, y con más dolor. Te rompen el corazón y te preguntás cómo esa persona que amaste tanto te pudo hacer tanto mal.
O te acostás a la noche preguntándote por qué no podés conocer a alguien lo suficientemente interesante como para tener ganas de conocerlo mejor.
Por momentos pareciera como que todas las personas que ya conocés llevan años de novios y algunos empiezan a casarse. Seguiramente vos también ames realmente a alguien, pero simplemente no estás seguro de estar "preparado para asumir ese compromiso".
Las transas y encuentros de una noche te empiezan a parecer baratos. Y emborracharse y actuar como un idiota empieza a parecerte verdaderamente aburrido y estúpido.
Salir tres veces por fin de semana resulta agotador y significa mucho dinero para tu ajustado sueldo.
Mirás tu trabajo y quizás no estás ni un poco cerca de lo que pensabas que estarías haciendo a esta altura de tu vida. O quizás estás buscando algún trabajo y sabes que tenés que arrancar desde abajo y eso te genera un miedo increible.
Tratás día a día de empezar a entenderte a vos mismo, sobre lo que querés y lo que no. Tus opiniones se vuelven más fuertes. Analizás lo que los demás están haciendo y te encontrás a vos mismo juzgándolos, porque de repente tenés ciertos parámetros en tu vida y vas armando tu propia lista sobre lo que es aceptable y lo que no.
A veces te sentís genial e invencible, y otras... solo, con miedo y confundido. De repente tratás de aferrarte al pasado, pero te das cuenta que el pasado cada vez se aleja más y que no hay otra opción que seguir avanzando.
Te preocupás por el futuro, préstamos, dinero... y por realizar una vida propia. Y mientras en algún momento soñabas con ganar la carrera, hoy te conformarías con sentirte parte de la competencia.
Lo que puede que no te des cuenta es que todos los que estamos leyendo esto nos identificamos con buena parte de ello.
Muchos de nosotros que tenemos 'veintitantos', quisiéramos volver a los 15-16 algunas veces. Parece ser un lugar inestable, un camino en tránsito, un desbarajuste en la cabeza... pero TODOS dicen que es la mejor época de nuestras vidas y no tenemos que desaprovecharla...
Dicen que estos tiempos son los cimientos de nuestro futuro. Parece que fue ayer que teníamos 16... y para cuando quieras reaccionar, ya entonces mañana nomás, tendremos 30!
Es la etapa en la que uno empieza a darse cuenta que su círculo de amigos se vuelve mas reducido que hace unos años.
Te das cuenta que cada vez es más difícil ver a tus amigos y coordinar horarios por diferentes cuestiones: trabajo, estudios, pareja, etc...
Y cada vez disfrutas más de esos mates y esa cervecita que sirve como excusa para charlar un rato y "ponerse al día".
Las multitudes ya no son tan divertidas; y es más, hasta a veces empiezan a incomodarte. Y extrañás la comodidad de la escuela, de los grupos de antes, de socializar con la misma gente en forma constante.
Pero te empezás a dar cuenta que mientras algunos eran verdaderos amigos otros no eran tan especiales después de todo.
Te empezás a dar cuenta que algunas personas son egoístas y que, a lo mejor, esos amigos que creías cercanos no son exactamente las mejores personas que has conocido. Y que otros, con los que perdiste contacto y extrañás, resultaron ser amigos de los más importantes para vos.
Te reís con más ganas, pero lloras con menos lágrimas, y con más dolor. Te rompen el corazón y te preguntás cómo esa persona que amaste tanto te pudo hacer tanto mal.
O te acostás a la noche preguntándote por qué no podés conocer a alguien lo suficientemente interesante como para tener ganas de conocerlo mejor.
Por momentos pareciera como que todas las personas que ya conocés llevan años de novios y algunos empiezan a casarse. Seguiramente vos también ames realmente a alguien, pero simplemente no estás seguro de estar "preparado para asumir ese compromiso".
Las transas y encuentros de una noche te empiezan a parecer baratos. Y emborracharse y actuar como un idiota empieza a parecerte verdaderamente aburrido y estúpido.
Salir tres veces por fin de semana resulta agotador y significa mucho dinero para tu ajustado sueldo.
Mirás tu trabajo y quizás no estás ni un poco cerca de lo que pensabas que estarías haciendo a esta altura de tu vida. O quizás estás buscando algún trabajo y sabes que tenés que arrancar desde abajo y eso te genera un miedo increible.
Tratás día a día de empezar a entenderte a vos mismo, sobre lo que querés y lo que no. Tus opiniones se vuelven más fuertes. Analizás lo que los demás están haciendo y te encontrás a vos mismo juzgándolos, porque de repente tenés ciertos parámetros en tu vida y vas armando tu propia lista sobre lo que es aceptable y lo que no.
A veces te sentís genial e invencible, y otras... solo, con miedo y confundido. De repente tratás de aferrarte al pasado, pero te das cuenta que el pasado cada vez se aleja más y que no hay otra opción que seguir avanzando.
Te preocupás por el futuro, préstamos, dinero... y por realizar una vida propia. Y mientras en algún momento soñabas con ganar la carrera, hoy te conformarías con sentirte parte de la competencia.
Lo que puede que no te des cuenta es que todos los que estamos leyendo esto nos identificamos con buena parte de ello.
Muchos de nosotros que tenemos 'veintitantos', quisiéramos volver a los 15-16 algunas veces. Parece ser un lugar inestable, un camino en tránsito, un desbarajuste en la cabeza... pero TODOS dicen que es la mejor época de nuestras vidas y no tenemos que desaprovecharla...
Dicen que estos tiempos son los cimientos de nuestro futuro. Parece que fue ayer que teníamos 16... y para cuando quieras reaccionar, ya entonces mañana nomás, tendremos 30!
Mas de esto por acá:
Confesiones,
Historias,
Lo tomé prestado
domingo, 17 de agosto de 2008
Elecciones
Fragmento de My blueberry nights (El sabor de la noche)
Jude Law interpreta al dueño y encargado de un bar. Varios clientes le van dejando manojos de llaves para que se los entregue a determinadas personas si regresan al bar. Él las conserva en un frasco. Norah Jones encarna a una de estas clientas que dejó las llaves para su ex pareja luego de separarse. Ella vuelve día tras día a ver si él pasó a buscarlas. Y quiere, como todo abandonado por amor, tratar de comprender las razones por las que la dejaron...

Norah Jones: ¿Crees que vendrá a retirar las llaves?
Jude Law: No lo sé. Los clientes llevan años dejándome las llaves. Algunas veces las retiran en un par de días. Otras veces lleva semanas...
Norah: ¿Y qué sucede generalmente?
Jude: Generalmente, las llaves quedan en el jarrón.
Norah: ¿Y para qué las conservas? Deberías tirarlas.
Jude: No... No podría hacerlo.
Norah: ¿Por qué no?
Jude: Si tiro esas llaves... esas puertas quedarían cerradas para siempre. Y no debo ser yo quien decida eso... ¿No crees?
Norah: ...
Jude: ...
Norah: Supongo que sólo busco una razón...
Jude: Bueno, según mis observaciones... a veces es mejor no saberla. Y otras veces, no se encuentra ninguna razón...
Norah: Todo tiene una razón.
Jude: Es como estas tartas y pasteles. Al final de cada noche, la tarta de queso y el pastel de manzana siempre se acaban. La torta de durazno y la torta de mousse de chocolate están casi terminadas. Pero siempre queda una tarta de arándanos sin tocar.
Norah: ¿Y qué hay de malo en la tarta de arándanos?
Jude: No tiene nada de malo... Sólo que la gente elige otras cosas.
Norah: ...
Jude: No puedes culpar a la tarta de arándanos. Simplemente nadie la quiere.
Jude Law interpreta al dueño y encargado de un bar. Varios clientes le van dejando manojos de llaves para que se los entregue a determinadas personas si regresan al bar. Él las conserva en un frasco. Norah Jones encarna a una de estas clientas que dejó las llaves para su ex pareja luego de separarse. Ella vuelve día tras día a ver si él pasó a buscarlas. Y quiere, como todo abandonado por amor, tratar de comprender las razones por las que la dejaron...

Norah Jones: ¿Crees que vendrá a retirar las llaves?
Jude Law: No lo sé. Los clientes llevan años dejándome las llaves. Algunas veces las retiran en un par de días. Otras veces lleva semanas...
Norah: ¿Y qué sucede generalmente?
Jude: Generalmente, las llaves quedan en el jarrón.
Norah: ¿Y para qué las conservas? Deberías tirarlas.
Jude: No... No podría hacerlo.
Norah: ¿Por qué no?
Jude: Si tiro esas llaves... esas puertas quedarían cerradas para siempre. Y no debo ser yo quien decida eso... ¿No crees?
Norah: ...
Jude: ...
Norah: Supongo que sólo busco una razón...
Jude: Bueno, según mis observaciones... a veces es mejor no saberla. Y otras veces, no se encuentra ninguna razón...
Norah: Todo tiene una razón.
Jude: Es como estas tartas y pasteles. Al final de cada noche, la tarta de queso y el pastel de manzana siempre se acaban. La torta de durazno y la torta de mousse de chocolate están casi terminadas. Pero siempre queda una tarta de arándanos sin tocar.
Norah: ¿Y qué hay de malo en la tarta de arándanos?
Jude: No tiene nada de malo... Sólo que la gente elige otras cosas.
Norah: ...
Jude: No puedes culpar a la tarta de arándanos. Simplemente nadie la quiere.
Mas de esto por acá:
Confesiones,
Diálogos cinéfilos,
Historias,
Mirate una peli
miércoles, 13 de agosto de 2008
La autoridad

En épocas remotas, las mujeres se sentaban en la proa de la canoa y los hombres en la popa. Eran las mujeres quienes cazaban y pescaban. Ellas salían de las aldeas y volvían cuando podían o querían. Los hombres montaban las chozas, preparaban la comida, mantenían encendidas las fogatas contra el frío, cuidaban a los hijos y curtían las pieles de abrigo.
Así era la vida entre los indios onas y los yaganes, en la Tierra del Fuego, hasta que un día los hombres mataron a todas las mujeres y se pusieron las máscaras que las mujeres habían inventado para darles terror.
Solamente las niñas recién nacidas se salvaron del exterminio. Mientras ellas crecían, los asesinos les decían y les repetían que servir a los hombres era su destino. Ellas lo creyeron. También lo creyeron sus hijas y las hijas de sus hijas.
Eduardo Galeano
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